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#HISTORIAS en ESPAÑOL / STORIES in SPANISH~collected

Started by santino, March 20, 2010, 06:59:33 PM

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santino

¡Hola!  ^-^

Historias en esta colección / Stories in this collection:

Espinacas mágicas 1 + 2 [A.U.]

Sofía, Verónica y Raul [diverman]

Abuelita [dodge1500]

Mis nuevas vecinas [diverman]

Expedición al amazonas [diverman]

La Madre de Carlos [FML88]

La diosa del Hotel [FML88]






Aclaro que no es un relato creado por mi,  pero se que lo van a disfrutar

Espinacas mágicas
(Una esposa maltratada durante años recibe un regalo especial, obteniendo así el poder suficiente para, castigar a su cruel marido.)

_________________________

Parte 1

Eva volvió tarde a casa, las compras se complicaron y la retrasaron, su marido le había asignado demasiadas tareas que no había completado, sus manos temblaron al abrir la puerta.

Él la esperaba furioso en casa. Cuando ella llegó la golpeó con furia -¿Dónde has estado?- ¡PLAS! -¿Estas son horas de llegar?- ¡PLAS! -¿Y mis recados?- ¡PLAS! Los puñetazos caían con fuerza sobre el dolorido cuerpo de la mujer. -Esto te enseñará- gritaba su marido al golpearla.

-Tráeme una cerveza y prepara la cena- dijo finalmente cuando se cansó de golpearla. Ella preparó la cena adolorida por los golpes recibidos, ya no lloraba por ello, hacía demasiado tiempo que ya no lloraba, ni reía, ni vivía.
Eric disfrutaba sentado en el sofá, gozando de una cerveza fría mientras miraba la tele. Eva finalizó la cena y preparó la mesa para comer. Le hizo llevar otra lata de cerveza y recoger las que había vaciado de la mesita de centro. Apestaba a alcohol.
Ambos comieron, ella tenía que estar en silencio mientras él miraba la tele, no le gustó la comida. -¿No sabes hacer cosas ricas?- increpó Eric medio borracho mientras lanzaba el plato al suelo.
Luego volvió a tumbarse en el sofá mientras su mujer recogía y limpiaba la mesa. Se tiró un eructo y mandó a su mujer que le trajera otra lata de fría cerveza.
Fregaba los platos cuando su marido entró en la cocina y se colocó en su espalda, apretando su cuerpo contra el de ella, agarrándola con fuerza de sus pechos y clavando su dura polla entre las nalgas de su mujer, frotándola contra su cuerpo.
-No Eric, por favor- suplicó Eva angustiada. -Eres mi mujer y debes complacerme- respondió él azotándole el culo.
Le bajó la falda y las bragas, rompiéndolas, haciendo caso omiso de las negativas de su mujer, separó sus piernas con ayuda de sus pies y, mientras apretaba sus tetas y lamía su oreja, introdujo con deseo su dura polla por el prieto ano de la mujer.
Eva chilló de dolor al notar como su piel se estiraba y su ano se dilataba, como su marido la penetraba por detrás mientras jadeaba de placer, al olor a alcohol le generaban nauseas.
A los dos minutos ya había acabado, Eric retiró satisfecho su polla del ano de su mujer mientras ella temblaba a causa del dolor.
Eric notó su polla sucia. -Ahora limpia tu mierda- indicó mientras agarraba a su mujer por el pelo y la obligaba a ponerse de rodillas, Eva limpió la polla de su hombre, no tenía alternativa.
-Buena chica- dijo antes de salir de la cocina y, agotado y borracho, se tiró en la cama y se durmió.
Ella acabó de fregar los platos, limpió la cocina, recogió el comedor, preparó la lavadora y se dirigió al baño, se aseó y se metió en la cama, Eric roncaba sonoramente, esa noche no podría dormir.
Recordó el día en el que le pidió el divorcio, lo hizo con la compañía de su hermano ya que, tenía miedo que la noticia desencadenara una brutal paliza y con su hermano se sentía más segura. Eric no tuvo miramientos, primero golpeó a su mujer tras escuchar la noticia y después golpeó al hermano cuando intentó defenderla.

Ambos acabaron en el hospital, pero sólo ella pudo salir de nuevo. Su hermano nunca se recuperó, todavía sigue en coma en el mismo hospital.

Eva tuvo que declarar ante la policía que había sido su hermano quién había empezado la pelea golpeándola a ella y que su marido la defendió, en caso contrario, su marido había amenazado con golpearla hasta la muerte a ella y a su familia. El miedo que sintió esa tarde cambió su vida para siempre.
Se encontraba en una situación sin salida, esclava de su marido, sin amigos, sin familia, ya que nunca le perdonaron su cobardía y él no le dejaba tener vida social. Consiguió dormirse entre los atronadores ronquidos de su marido y soñó, tuvo un sueño extraño e increíblemente real.

Alguien llamó en la puerta y Eva se levantó con cuidado de no despertar a su marido, quién continuaba roncando como un cerdo en la cama, el timbre volvió a sonar insistentemente, Eva corrió de puntillas hacia la puerta, si él despertaba, podía enfadarse y golpearla, violarla o algo peor.

Abrió la puerta y se encontró a su hermano, quién sonrió al verla, no entendía como su hermano estaba en su casa, se abrazaron y lloraron de alegría al verse pero la alegría pasó rápidamente a un estado de terror, Eric podría despertar y golpearlos de nuevo. -Tienes que irte, él no puede verte- susurró preocupada entre sus brazos. -No debes preocuparte más- respondió se hermano. -Él ya no está y no te molestará más, compruébalo tú misma-.

Extrañada, Eva se dirigió hacia su habitación, los ronquidos habían cesado y en la cama no había nadie. Eric había desaparecido, una sensación de alegría recorrió su cuerpo al sentirse por fin libre y volvió a ver a su hermano. -¿como es posible?- sus ojos brillaban a causa de las lágrimas de alegría. -Te he traído un regalo, ¡toma!- respondió su hermano y le entregó una lata de espinacas, ella la guardó en la cocina y volvió junto a su hermano, ambos hablaron durante todo el día, felices por su reencuentro y su liberación.

Despertó temprano, feliz, contenta y animada, su hermano había vuelto y su marido había desaparecido, pero... la sensación desapareció dolorosamente al oir los ronquidos de Eric, todo había sido un sueño. Las lágrimas surcaron dolorosamente sus mejillas mientras su garganta parecía secarse al igual que su corazón. Lloró desconsolada en el baño durante horas.

El teléfono sonó y ella corrió a responder antes que su marido se despertara. -¿Eva González?- preguntó la voz del teléfono -Si, soy yo- respondió aguantando los sollozos. -Llamamos del Hospital Central, debería venir aquí- La intranquilidad recorrió su cuerpo y su corazón se aceleró -¿que ha pasado? ¡dígame que ha pasado!- gritó histérica al teléfono. -Señora, debería venir, no podemos hablar por teléfono...- Eva notó como su corazón se partía -¡NOO!, por favor nooo...! gimoteó entre lágrimas. -Mi hermano nooooo, por favor-. Lloraba mientras el silencia se rompía al otro lado de la línea telefónica. -Lamentamos informarle que su hermano ha muerto esta noche víctima de un colapso nervioso. No hemos podido hacer nada, lo sentimos...-

El teléfono golpeó al suelo y la casa se llenó de desgarradores gritos de dolor. -¿Porqué coño haces tanto escándalo?- gritó furioso Eric al levantarse. -¡Hijo de puta!- consiguió decir Eva al verlo aparecer en el comedor, -¿CÓMO?- los ojos del fuerte marido se llenaron de rabia mientras se acercaba a su mujer -tendré que enseñarte a respetarme, zorra.- dijo antes de levantarla del sofá agarrándola del pelo, sacudió su cuerpo con facilidad y la tiró al suelo, allí la pateó con rabia durante minutos mientras ella intentaba protegerse de los golpes sin éxito.

Sujetándola del cuello, la levantó y la aplastó contra la pared y, con el puño libre, golpeó su cara durante minutos, desgarrando su piel, partiendo su nariz, sus labios. Haciendo saltar dientes y gritos de dolor, luego golpeó su abdomen con su rodilla mientras mantenía su cuerpo contra la pared, atenazando su cuello con fuerza, -esto te enseñará a obedecerme y respetarme- gritó con rabia mientras castigaba sus costillas, consiguiendo que algunas se partieran bajo sus potentes puñetazos. Eva luchaba influida por el odio, sus puños golpeaban inútilmente el macizo cuerpo de su marido.

Finalmente, mientras todavía la atenazaba del cuello, colocó la otra mano entre sus piernas y, con fuerza hundió dolorosamente sus dedos en el interior de su vagina, levantó el dolorido cuerpo de su mujer sobre su cabeza y la lanzó contra el otro extremo del comedor. El cuerpo de Eva se estrelló contra la mesa, que se rompió bajo la fuerza del impacto.

Eric jadeaba excitado, su mujer sangraba y se retorcía de dolor entre los trozos de la mesa, pero su agonía no había finalizado, Él se agachó y desgarró el pijama de su mujer, desnudándola, luego, cogiéndola del pelo, la volvió a levantar, aplastando su cara contra la pared, golpeándola mientras se bajaba los calzoncillos y liberaba su palpitante y excitada polla.

-Por favor, lo siento- consiguió suplicar Eva. -Veo que ya vas entendiendo zorrita- respondió su marido mientras separaba sus piernas con los pies y hundía su excitación entre las suaves nalgas de mujer. -Ahora me darás placer- susurró él antes de penetrarla cruelmente con su miembro viril. Acometió violentamente, levantando completamente el cuerpo de Ella con sus potentes embestidas, desgarrando tejidos y provocando heridas. Eric jadeaba de placer mientras su mujer gritaba de dolor. Se corrió cuando notó la sangre de su mujer resbalar por sus genitales, le había dado una buena lección.

-Mira como me has dejado la polla zorra, chúpala hasta dejarla reluciente- ordenó mientras la hundía en la boca de la destrozada hembra, luego se metió de nuevo en la cama -Limpia todo esto- ordenó antes de desaparecer -y no hagas ruido o volveré a darte una lección- agregó antes de cerrar la puerta de la habitación.

Eva necesitaba atención médica, la sangre brotaba por sus heridas, su visión estaba nublada y su cuerpo destrozado, tenía varios huesos rotos, desgarros en los tejidos y órganos afectados por la tremenda paliza recibida, necesitaba agua, su garganta ardía de dolor y sentía la tremenda necesidad de refrescarse.

Eva se arrastró por el suelo, incapaz de ponerse de pié, dirección a la cocina, la sangre brotaba de ella con furia, dejando un rastro tras de sí, finalmente consiguió llegar a la cocina y abrir la nevera, pero allí no había agua, sólo latas de espinacas, la nevera estaba llena de latas de espinacas, iguales a las que su hermano le había regalado en sueños al visitarla, se estaba volviendo loca pensó.

Cogió una de las latas, que desprendía un aroma sabroso, la tapa saltó con facilidad y Eva no pudo evitar probar ese manjar, el aroma, la textura... devoró las espinacas con rapidez, estaban riquísimas, sabrosas y eso que a ella nunca le gustaron las espinacas, perdió la conciencia al acabar la lata mientras pensaba que aquello no era real, seguramente su cuerpo seguía tirado en el comedor, desangrándose mientras desvariaba, iba a morir...


continuara
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santino

Parte 2:

Eric se despertó tarde y se desperezó en la cama, se excitó recordando la paliza que había sometido a su mujer. -Eva- gritó desde la cama -ven aquí que tengo un trabajito para tí- continuó diciendo mientras se tocaba excitado. El tiempo pasó y no recibió respuesta. -¡¡EVA!!- gritó de nuevo con furia -no me hagas ir a buscarte-, pero el silencio fué la única respuesta que obtuvo.

Malhumorado se levantó y abandonó la habitación de matrimonio, el comedor estaba destrozado, la mesa rota, cuadros y vajillas tirados por el suelo y un rastro de sangre se perdía en el pasillo. Eric siguió el rastro asqueado, no había limpiado nada, él ordenó que limpiara y ella no lo había realizado, debería darle otro escarmiento.

La encontró en la cocina, desnuda y durmiendo en el suelo, la puerta de la nevera estaba abierta y llena de latas de espinacas, ¿que coño hacían todas esas latas de asquerosa espinaca en la nevera? pensó al cerrar la puerta de la nevera. Junto al cuerpo de Eva encontró otra lata de espinacas vacía.

-Levanta zorra- ordenó mientras volteaba el cuerpo de su mujer con su pié para verle la cara y lo que vió lo sorprendió. Eva estaba perfecta, en su cara no había rastros de violencia ni en su cuerpo heridas o marcas. Él recordaba la paliza, y el rastro de sangre indicaba que sangró profundamente, pero no había señales de ello en su cuerpo y había algo más.

Eva abrió los ojos y vió a su marido de pié a su lado y recordó lo sucedido aunque no notaba dolor alguno, imaginó que debía estar inválida o impedida y que por eso no sentía nada, pero intentó incorporarse y sus músculos obedecieron, su cuerpo se movió lentamente, sin dolor se levantó y se puso de pié.

Una vez incorporada se miró las manos y se palpó las costillas, no había dolor ni heridas. Levantó su mirada, buscando a su marido pero no estaba allí, tuvo que bajar la cabeza para encontrar la mirada de Eric, quién la miraba con ojos impresionados y expresión de sorpresa. Había crecido unos 20 centímetros de altura y se notaba extraña. Eva desperezó su cuerpo, estirando sus brazos con fuerza y notó como sus músculos crecían potentes bajo su piel, creando una masa dura como el acero.

Se frotó los ojos y volvió a fijarse, ella había crecido, era más alta y más fuerte que antes, era tan alta como él y tenía un cuerpo superdefinido en el que los músculos se dibujaban bajo su piel dándole una consistencia dura y potente, respiró y tragó saliba, él seguía siendo el hombre de la casa, lo único que había cambiado es que ahora tendría que golpear con más fuerza.

-Te dije que limpiases todo ese desorden- escupió con rabia -ahora tendré que enseñarte respeto de nuevo- agregó con rabia mientras golpeaba la palma izquierda con el puño derecho, y, tras comprobar el miedo en sus ojos, empezó a golpearla con sus puños.

Eva notaba los golpes, pero no le causaban dolor, los puñetazos de su marido se estrellaban con potencia en su piel pero no lograban atravesar sus músculos, fue entonces cuando tomó conciencia de su nuevo físico, no sólo era más alta sino que además parecía también más resistente, no sabía si era un sueño o realidad pero le gustó la sensación y quiso disfrutar de ella. Sus ojos se llenaron de rabia olvidando el miedo, mientras los inútiles puños de Eric se estrellaban contra su fornido cuerpo.

Golpeaba con fuerza, con toda su fuerza y su rabia, sus manos empezaron a dolerle, sus puños eran incapaces de atravesar ese cuerpo de hierro, Eric no entendía cómo había pasado, pero era incapaz de causar dolor en esa mujer, detuvo su "paliza" cuando los nudillos le sangraban, las carcajadas de Eva lo llenaron de terror y de rabia.

-¡Deja de reírte!- gritó Eric antes de lanzar un directo a la cara de Eva. El golpe llegó con toda su potencia directo a la mandíbula de la chica. Los dedos crujieron al estrellarse contra la faz de la mujer que ni tan sólo se movió bajo la fuerza del impacto.

Gritó de dolor mientras se acariciaba su destrozada mano, lloró y gritó de rabia mientras Eva disfrutaba del espectáculo, eso iba a ser divertido pensó ella mientras flexionaba sus músculos, mostrando todo su poder al macho, la piel se estiraba para dar espacio a los increíbles músculos de acero, las fibras se marcaban claramente bajo la piel y las venas parecían sufrir intentando obtener su espacio entre las montañas de poder que emergían de su cuerpo. No sólo era más alta y más resistente, también parecía ser más fuerte.

Eva gozó al ver la expresión de Eric, asustado e impresionado mientras unos ojos abiertos como platos observaban su superioridad física. -Oh nene, ahora recibirás tu merecido- susurró Eva con una expresión entre cruel y divertida.

Ella no conocía su fuerza así que decidió primero probarla, Eric no pudo creer lo que vió, su mujer levantó uno de sus brazos y lo dejó caer con fuerza, lanzando un golpe en la encimera de la cocina, el mueble cedió fácilmente debido a la potencia del golpe y el mármol se partió en mil pedazos bajo el tremendo impacto, el módulo quedó destrozado en cientos de pedazos.

Eva se impresionó, y más al observar la mirada de su marido, terriblemente asustado y sin poder controlar su tembloroso cuerpo, decidió continuar demostrando su poder, pero lentamente, sin prisas. Ella había pasado años sometida y no quería que acabara rápido, quería infligir miedo, mucho miedo. Eric tenía que sufrir y de momento lo estaba consiguiendo.

Con el otro brazo golpeó la pared, esta vez no empleó tanta fuerza pero el golpe fue también efectivo, los azulejos saltaron y la pared se agrietó, el polvo y el yeso inundaron la habitación mientras ella sonreía satisfecha, la expresión de Eric la excitaba, tenía la boca y los ojos abiertos como platos y en su mirada sólo había terror, desesperación y miedo, mucho miedo.

-Besa aquí- ordenó Rita mientras flexionaba su brazo izquierdo, el bíceps apareció grande y potente, increíblemente macizo. Eric temblaba de miedo, congelado por el terror que sentía por su mujer. -¡y una mierda!- respondió Eric reuniendo gran valor. Las carcajadas sonaron como respuesta, su corazón se congeló. -Voy a tener que enseñarte las normas hombretón- agregó Eva mientras la sombra de la furia inundaba su expresión, sus ojos chispeaban bajo su ira contenida.

Agarró firmemente el cuello de su marido y lo levantó del suelo, se impresionó de lo fácil que fué y lo ligero que parecía Eric con sus 108 Kilos de peso, se excitó tremendamente al ver la expresión de Eric, rojo y ahogado mientras intentaba inútilmente liberarse de la presión, sus piernas se balanceaban en el aire, pataleando como un niño.

Eric lloró en silencio (imposible hacer ruido, la mano de Eva aplastaba su garganta impidiendo el paso del oxígeno), sólo las lágrimas mostraban su sentimiento. Las carcajadas y gemidos de placer de su dominadora lo hacían llorar más y más, mientras que Eva, se alimentaba de ese miedo y sufrimiento para aumentar su excitación.

-¡Oh Diós! voy a disfrutar tanto contigo- susurró con expresión de tremendo placer mientras salía de la cocina con su marido colgando como un muñeco de trapo. Lo lanzó al suelo, quizá demasiado fuerte pensó Eva al ver como el cuerpo de su marido rebotaba en el suelo por el impacto.

Miró complacida como se retorcía en el suelo. -Ahora te voy a destrozar, te causaré tal sufrimiento que desearás morir, me lo suplicarás por favor. Pero no te voy a matar, no voy a hacerte ese favor, vivirás años sufriendo y deseando morir, no permitiré que los médicos te droguen para aliviar tu dolor y no podrán hacer nada para curarte después de pasar por mis manos.-

Eva miraba a su hombre con odio e ira mientras él temblaba aterrado en el suelo. -Primero dejaré que mi culo se tome su venganza, le has hecho mucho daño ¿sabes? y tiene ganas de agradecértelo. ¡Túmbate boca arriba!-. Eric lloraba de manera incontenible, no podía soportar tanta humillación y sentía verdadero pánico hacia su mujer, la conocía bien y sabía que esas palabras las había dicho en serio. Empezó a chillar "SOCORRO", pero antes de finalizar la palabra Eva se había sentado sobre su cara y su grito se perdía entre las piernas de su mujer.

-Grita aquí cobarde- y colocó bien su cuerpo para que el ano estuviera sobre la boca de su marido. -Ahora usa tu lengua, métela en mi culo y limpia bien- agregó mientras introducía la cabeza de Eric entre sus nalgas, aplastando su boca en el ano, disfrutó un rato, notando como la lengua se movía en su ano creando gran placer, luego apretó con sus nalgas y se impresionó con el resultado, notó como Eric chillaba de dolor y como su cara de cerdo se deformaba aplastada por su potente culo. La lengua de Eric quedó prisionera en su ano, estrangulada bajo sus potentes músculos.

Eva disfrutaba de su control y se excitaba ante la dominación a la que sometía a su marido, se levantó, y con ella, arrastró a su marido quién continuaba prisionero, con la lengua hundida en su ser. Eva andó por el comedor, y su marido gateaba tras ella, tenía que mantener la cabeza entre sus nalgas ya que sino le daba la sensación de que le iba a arrancar la lengua. Eric gritaba y lloraba, Eva gemía y gozaba.

Tras interminables minutos de humillación, notó como la presión disminuía y retiró su lengua, dolorida e hinchada del ano de su mujer. -Pod favod- suplicó patéticamente a su mujer mientras las lágrimas recorrían sus mejillas -no me hagaz daño-. Ella disfrutó de la estampa, viendo a su marido totalmente dominado, llorando arrodillado, patético.

-Desnúdate- ordenó enérgicamente y él cumplió su orden mientras Eva andaba en círculos, cómo las aves rapaces, controlando a su víctima, alimentando su miedo. -Apóyate contra la pared, con las manos en la espalda- ordenó cuando él terminó de quitarse la ropa.

Agarró la flácida polla de su marido con la mano mientras miraba fijamente a sus ojos. -La quiero grande y dura- agregó mientras acariciaba sus pelotas con suavidad, mientras, él lloraba impotente bajo el poder de su mujer, quien acariciaba su polla con suavidad, haciendo que se endureciera y creciera sin que él pudiera evitarlo. Ella tenía el control de todo, incluso de su erección.

Cuando la sintió dura y caliente, Eva se giró, y colocó la dura polla de su hombre apuntando a su ano, apretándola con fuerza hasta que empezó a hundirse lentamente, la devoró, gozando y gimiendo mientra Eric lloraba y suplicaba. Ella se movía agresiva, sin muestras de ternura, aplastando el cuerpo de Eric entre la espalda y su duro trasero, aplastando sus pelotas en cada sacudida, Eric empezó a gemir y entonces, comprimió su ano, lentamente, notando como el duro miembro de Eric cedía mientras lo estrechaba entre las potentes paredes de su culo.

Eric gritaba aterrorizado mientras notaba como su miembro era espachurrado, Eva gozó al notar como su polla se hacía añicos en su interior, aplastada y destrozada. -¡DIOS, POR FAVOR BASTAAA!- gritaba Eric entre espasmos de dolor mientras la sangre brotaba entre sus piernas. Eva finalizó, acelerando el ritmo, aumentando la presión y aplastándolo todavía con más fuerza. Antes de liberarlo, volvió a comprimir con fuerza su ano, gozando con los gritos de dolor de su marido.

Eric miraba, incrédulo lo que quedaba entre sus piernas, su pene había desaparecido, convirtiéndose en una masa deforme y sangrante. Eva disfrutaba de esos momentos, gozaba viendo el terror en la cara de Eric.

-No hemos acabado pequeñín- susurró con una sonrisa y lanzó un rodillazo, potente y demoledor entre sus piernas, directo a sus huevos, que aunque hinchados, todavía mantenían la forma original, Eva tuvo que sostener los brazos de Eric sobre su cabeza, ya que instintivamente, se protegía sus testículos con ellas. Luego continuó golpeando su entrepierna con una potencia increíble. La sangre chorreaba mientras Eric gritaba sin parar y el tremendo dolor no le permitía nada más que gritar y gritar.

Eva dejó de golpear cuando vió que los genitales de Eric, ya habían perdido la forma, Eric gritaba sin parar. -Que cachonda me pones- susurró ella antes de besarlo pasionalmente, Eva buscó su lengua y cuando la encontró la absorvió y la mordió con fuerza, arrancándola de su boca mientras Eric luchaba inutilmente por evitar tal masacre.

-¿Duele hombretón?- preguntó ella lasciva mientras Eric se retorcía de dolor. -Siente mi poder- ordenó mientras flexionaba sus brazos y sus músculos se tensaban volviéndose increíblemente duros. Eric cumplió su orden rápidamente y empezó a acariciar con sus manos los increíbles bíceps de su mujer mientras ella disfrutaba enormemente de la sensación de poder.

Ella aumentó la presión, aprisionando sus manos entre sus músculos, notó como Eric tiraba con fuerza intentando liberar sus manos, ella flexionaba lentamente mientras miraba fijamente los ojos de su marido, llenos de terror , llenos de dolor y sufrimiento. Notó un orgasmo cuando los dedos de él empezaron a crujir aplastados bajo la presión de sus músculos, él chillaba como un cerdo mientras ella presionaba y los huesos crujían. No lo soltó hasta que dejó de oír el crujir de sus huesos.

Eric miró sus manos, aplastadas y sus dedos retorcidos en posturas imposibles mientras su mujer lo cogía de las muñecas con las manos. Eric suplicó con su mirada, ella gozó con su expresión y apretó, haciendo crujir los huesos de sus muñecas, gozando con el dolor que infligía. Continuó repitiendo el proceso, destrozando todos los huesos existentes en los brazos de Eric, aplastando también sus músculos. Luego colocó sus manos sobre los hombros del sexo superior y hundió sus dedos con fuerza, atravesando su piel y desgarrando todos los músculos con los que se encontró.

Eric no podía pensar ni gritar ni hablar, el tremendo dolor lo tenía paralizado, quería morir. Eva continuó su terrible tortura arrancándole las clavículas de un fuerte tirón, obligó a que Eric viera como las trituraba. Le había destrozado totalmente los brazos, los cuales se balanceaban inertes a sus costados goteando sangre.

Pasaron las horas mientras ella trituraba cada uno de los huesos existentes en el cuerpo de Eric cruelmente, luego empezó a lanzar sus puños con furia sobre su cara, haciendo saltar dientes y desgarrando tejidos, no cesó hasta que la mandíbula del macho quedó triturada e irreconocible.

Eric se había convertido en una masa irreconocible de carne sangrante y huesos triturados que todavía miraba aterrorizado a su mujer. Ella notó su mirada y tremendamente excitada se masturbó frente a él, lanzando gritos y gemidos de placer hasta llegar a un tremendo orgasmo.

-Es lo último que verás- susurró Eva mientras sus manos le cogían la cabeza y sus dedos pulgares se hundían en sus cuencas oculares, aplastando dolorosamente sus ojos hasta que los hizo reventar.

-Deja que te de un último abrazo- agregó contenta al observar el terrible sufrimiento que había causado, devolviendo todo el daño que ella había sufrido durante años. Lo levantó causando un gran dolor y lo apretó con fuerza entre sus brazos hasta que notó como crujió su espalda, quedando él inmóvil. Tras esto se fue sin mirar atrás, liberada.

Eric pasó el resto de su vida en la cama de un hospital, ciego, mudo e inmóvil, aislado del mundo y deseando morir mientras los médicos hacían todo lo posible para mantenerlo con vida, alargando su agonía.

FIN.
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metalfilth

Excelente historia amigo, ojala y pudieras comunicarte conmigo a You are not allowed to view links. Register or Login para hacer un negocio al respecto

saludos ...

Kaiser666


stevoj


diverman

Sofía, Verónica y Raul
Por diverman
__________________________

1.   ...Raúl...
   
Podría decir que este año está siendo aciago. Mi vida hasta ahora había discurrido muy feliz. Mis padres me pudieron pagar una carrera en el extranjero, apenas con 29 años ya soy un arquitecto con trabajo, que en estos tiempos que corren es milagroso, pero mi especialización en rehabilitación histórica, unido a las relaciones de mi familia con determinados órganos de poder, me ha abierto muchas puertas. Conocí a Verónica al llegar a España, simplemente coincidimos en el tiempo y en el espacio; cuando monté mi estudio usé los servicios de una empresa de mobiliario de oficina y Verónica fue la comercial que me atendió. La primera vez que la vi aparecer por la puerta me encandiló, su metro ochenta, melena larga rubia, cuerpo atlético y sonrisa embaucadora, me enamoraron, ni que decir tiene que terminé comprando prácticamente todo el catálogo; cuando terminé mi relación laboral con ella le pedí una cita y contra pronóstico aceptó.

Salimos durante cuatro años, que los recuerdo como los más felices, éramos la pareja perfecta, hasta el punto que decidimos casarnos.
Decidimos que la mejor manera de invitar a la gente a la boda era personalmente, poco a poco, así que nos dedicamos durante más de un año a visitar a cada uno de los familiares y amigos para informarles de la buena nueva, así Verónica podría conocer a mis amigos de la infancia y yo podría conocer a sus viejos amigos. Éste proceso me llevó a conocer a Juan, un antiguo novio de Verónica, era un chico bien parecido, y las dudas de Verónica me hacían concluir que la ruptura no había sido limpia, pero los dos teníamos claro que nuestra relación estaba muy por encima de antiguos amores.

No podía estar más equivocado; desde la visita a Juan, Verónica nunca fue la misma, pude ver como poco a poco se fue alejando de mi lado, las conversaciones eran escasas, incluso el tiempo que pasábamos juntos se iba reduciendo hasta que un día los sorprendí en mi propia cama engañándome, cuando faltaba apenas un mes para la boda. Tarde no más de una semana encancelarlo todo, mudarme a otro piso y empezar a olvidarme de Verónica, aunque eso no iba a ser fácil.

Llamé a cada uno de mis invitados para comunicar que la boda no se celebraría, sin dar más explicaciones; uno de mis amigos, Olivier, con el que había compartido los años más felices de la infancia, me insistió mucho en que pasase el verano con él, en el Rompido, Huelva. Ni que decir tiene que no me apetecía, pero lo cierto es que necesitaba una salida, las tardes se me hacían muy largas, las noches aun más; así que me decidí a aceptar su invitación, cogí el coche y tras ocho horas aparecí en la puerta de su casa; se trataba de un chalet a la orilla de la ría. Al llamar escuché como mi amigo bajaba a recibirme apresuradamente, al abrir la puerta, y ver mi cara comprendió mi estado de ánimo.


       
  • Este verano vamos a pasárnoslo muy bien, tengo planeadas muchas cosas, pero no te quedes en la puerta, pasa, quiero enseñarte la casa, y me tienes que contar, cuando te repongas del viaje, lo que ha pasado, y sobre todo, en que puedo ayudarte.
  • Ya habrá tiempo, lo cierto es que me gustaría olvidarme de lo que ha pasado; cuando lo supere te contaré con detalle los avatares que me han traído aquí.
Me quita mi bolsa de viaje, se la cuelga al hombro y empieza a caminar en dirección a la puerta de la casa. Ahora que la veo un poco mejor, se trata de una casa de corte moderno, con mucho cristal, distribuida en dos plantas, y con lo que parece un sótano, que sorprendentemente no tiene acceso de vehículos, tan solo se adivina por unas ventanas bajas y un patio ingles que se ve al fondo. La puerta es de madera maciza, bordeada de cristales; ya antes de acceder al interior, se adivina un espacio diáfano, con vistas a la ría.

Cuando llegamos a la puerta, ésta se abre abruptamente, y aparece una chica, de quizás 1,70m, guapísima, pelirroja, quizás unos 25 años, con una piel blanca, llena de pecas, ojos verdes y una sonrisa de oreja a oreja.


       
  • ¡Cuanto tiempo! -dice mientras se me abalanza y me da dos besos- a juzgar por tu expresión no recuerdas quien soy, ¿verdad?
  • Lo siento, la verdad es que no te ubico, y no me lo perdono, no debería olvidar a una chica tan guapa.
Se sonroja mientras Olivier le espeta

       
  • Por favor Sofía, deja a Raúl, no ves que está agotado del viaje, ya tendrás tiempo de hablar con él.
Se retira tímidamente, mientras me disculpo por mi torpeza.

       
  • Perdona Sofía, no te había reconocido, la última vez que te vi eras tan pequeña que no me esperaba que te hubieses convertido en la mujer que eres ahora.
Se sonroja aun más, mientras Olivier se apresura a pasar delante de ella y entrar en la casa; miro de reojo a Sofía, para ver como nos sigue con la mirada, la puerta me impide verla con más detalle; pero si puedo ver como sonríe, parece que le haya gustado mi reacción al verla.


       
  • No hagas caso a mi hermana. Se alegró mucho cuando le dije que venías a visitarnos; creo que aquí se aburre un poco y cualquier visita le entusiasma. Si se pone muy intensa, no dudes en decírmelo, te puedo garantizar que puede ser muy pesada.
Lo miro sonriente

       
  • No parece que me pueda molestar, realmente creo que necesito estar activo, hablar con gente, quizás venga bien tener alguien cerca para relevarte cuando te canses de escucharme.
Nos reimos, ya me siento mejor, ya ha merecido la pena el viaje. Aprovecho para ver el resto de la casa, se trata como se adivinaba desde el exterior de una planta bastante diáfana, un gran espacio dividido con pequeños escalones, que separan el espacio del comedor, del estar y de lo que parece un lugar de trabajo, todo abierto a una gran cristalera que se asoma hacia la ría y la manga de arena que hay enfrente. Justo delante de la casa, hay un embarcadero, con una planeadora, y ahora que me fijo, la ría está llena de barcos, la playa es diminuta, por lo que supongo que aquí, para disfrutar del agua, será necesario usar alguna embarcación.

La parte de atrás del salón, muestra dos puertas, que supongo serán la cocina y algún aseo. A la derecha hay una escalera escultórica, de acero y vidrio que asciende a la segunda planta, donde se puede ver un balcón que asoma al doble espacio en el que nos encontramos. Las paredes están adornadas con motivos náuticos, grandes cuadros de barcos, cuadros de nudos, fotos de faros; está claro que en esta familia el mar está muy presente.


       
  • Sígueme, te enseñaré tu cuarto -dice mientras subimos la escalera.
Ahora puedo ver que en la planta alta hay tres puertas únicamente, me lleva a la central, entramos se trata de un dormitorio en suite, con un baño cerca del acceso y una estancia de tamaño importante, con un pequeño balcón, que abre hacia la entrada a la casa.


       
  • Creo que aquí estarás cómodo, es un sitio muy tranquilo, descansa un poco si quieres, nosotros estaremos abajo, cuando quieras te reúnes con nosotros.-Dice dejando la bolsa sobre la cama.
Me doy una ducha relajante, me tumbo sobre la cama, me centro en la tranquilidad, pierdo la noción del tiempo, cuando veo que empieza a oscurecer, me calzo unas chanclas y bajo a estar con mis anfitriones; bajo la escalera y veo a Olivier sentado en el porche trasero con un portátil, no veo rastro de Sofía; quizás sea así mejor.


       
  • Muy buenas, creo que se me ha hecho un poco tarde.
  • No te preocupes, tienes que estar cansado. Siéntate, tenemos que ponernos al día. -Dice indicándome que me siente frente a él.- Te puedo ofrecer algo de beber, hoy ha hecho calor y estarás sediento.
Le pido una cerveza y cuando regresa le explico con todo lujo de detalles lo que ha sido mi vida en estos últimos años; como no podía ser de otra forma, empatiza conmigo, me anima. Pedimos una pizza y continuamos al fresco hasta altas horas de la noche; echaba de menos hablar con un amigo.

Escuchamos como se abre la cancela de la parcela

       
  • Debe ser mi hermana, pensé que llegaría algo más tarde. Como te digo, me da la sensación de que aquí se aburre, apenas conoce a nadie.
Escuchamos como se acerca por el lado de la casa y en la oscuridad de la noche resuenan sus tacones acercándose, el silencio acentúa la intriga, estamos los dos callados, esperando que aparezca. En mi caso, estoy ansioso por ver su aspecto.

No decepciona, se ha enfundado un vestido negro, con algo de brillo, con un escote que le llega hasta el ombligo, dejando una visión clara de sus abundantes pechos, el pelo se lo ha recogido en dos coletas, que unido a las pecas le dan un carácter juguetón. El vestido se ciñe a la cintura, y desciende hasta las rodillas, donde se pueden ver las mallas que dan lugar a unos tacones de no menos de 10 cm, el contraste de su blanca piel con el negro vestido, y con el pelo rojo es muy evocador; pero lo que más me llama la atención son sus abdominales, se pueden ver bastante desarrollados. Sube hasta donde nos encontramos, con un andar sensual, provocando, me doy cuenta que no le he quitado ojo a esos abdominales hasta que la tengo a un metro de distancia. Me doy cuenta del ridículo que estoy haciendo cuando escucho:

       
  • Aquí arriba
Levanto la mirada para ver la cara de un ángel, sonriente.

       
  • Me alegro de que te guste mi modelito, hoy no he tenido mucho éxito, solo se me han acercado maromos más calientes que el palo de un churrero. -dice con tono jocoso
  • Bueno, no me extraña, desde luego, si no estaban calientes, ya los has calentado tu. Estás arrebatadora. -digo justificando mi comportamiento     incívico.
Sofía sonríe alagada, mientras veo como Olivier se levanta

       
  • Yo estoy reventado, mañana podríamos salir a navegar un poco, me gustaría enseñarte esto; os dejo solos para que os pongáis al día. -dice mientras se mete en la casa.
Nos despedimos y me quedo sentado donde estaba; veo como Sofía sustituye al hermano, se coloca enfrente mía. Me esfuerzo por no mirar su abundante escote, me centro en la belleza de su cara. Charlamos sobre lo humano y lo divino, me cuenta que éste año terminará la carrera y que no tiene claro su futuro; hablamos de las posibilidades laborales para una economista ahora mismo. Cambiamos a temas personales, le pregunto por sus amoríos, me sorprende, insiste en que aún no ha encontrado a nadie suficientemente bueno. Lo cierto es que está en posición de exigir; no solo por su cuerpo o por su cara, también por lo que transmite, por su interior; sus modales son exquisitos, su conversación amena; es políticamente correcta, estoy bastante impresionado. Transcurren las horas rápidamente, hasta que decidimos que si queremos aprovechar el día mañana, sería mejor que nos acostemos. Nos despedimos y subimos cada uno a nuestro cuarto.

diverman

2.   ...Sofía...

Mi nombre es Sofía, actualmente tengo 25 años, mis primeros recuerdos son en la playa, con mi familia; cada verano viajábamos a un sitio diferente, siempre íbamos los mismos, mi hermano Olivier, mis padres y unos amigos de mis padres con su hijo, Raúl. Calculo que esos recuerdos que tengo serían cuando ya tenía cuatro años, por lo que Olivier y Raúl tendrían nueve; al ser una chica muy introvertida, no solía relacionarme demasiado, y recuerdo que pasaba muchas horas al día sola, espiando a mi hermano y su amigo; año tras año lo mismo.

No es que lo pasara mal, al contrario, ver lo que hacían los "mayores" era muy entretenido, disfrutaba mucho; no me daba cuenta que había generado una admiración por Raúl, quería gustarle, disfrutaba cada vez que me dirigía la palabra. Cenábamos todas la noches juntos, las dos familias, generalmente Olivier y Raúl hablaban todo el rato entre ellos, tan solo se dirijían a nosotros para pedirnos el pan o el agua, pero el día que Raúl me preguntaba como había pasado el día, o como estaba, o simplemente me decía el calor que había hecho, me hacía la niña más feliz del mundo.

Pasaban los años, ellos ya tendrían los 10 u 11 años, por lo que empezaron a interesarse por las chicas, yo tendría 6 ó 7, por lo que no tenía posibilidades; las chicas que les gustaban eran mucho mas mayores, ya habían empezado a desarrollarse, y yo no era más que una niña chica; pero no podía evitar estar colada por el mejor amigo de mi hermano; cuando los veía seguir a un grupo de chicas, o cuando los veía mirar descaradamente a las jóvenes en topless, me sentía fatal; pero la verdad es que no tenía razón de ser, nunca conseguían nada, las chicas mayores buscaban a su vez a chicos aun más mayores, por lo que ni Olivier ni Raúl les interesaban. Al año siguiente, los padres de Raúl no pudieron venir, por lo que nos dejaron a su hijo con nosotros; realmente sería la primera vez que compartiésemos techo.

Ese año fue distinto, podía verlo recién levantado, al salir de la ducha, al lavarse los dientes, para mi era un disfrute, pero era ya un adolescente, con las hormonas desatadas; por las noches escuchaba ruidos en su cuarto que entonces no comprendía muy bien, hasta el punto que me alarmaba, pero cesaba al rato y rara vez volvía a sonar. Por entonces en mi inocencia dada por la edad necesitaba saber lo que pasaba, así que una noche me escondí en su armario, cuando lo vi entrar casi me derrito, me había enamorado con tan solo siete años, al verlo en paños menores me quedé impresionada, vi como se tumbaba en la cama, se quedaba un momento en silencio y al rato, sacaba una revista de debajo del colchón; no entendía lo que estaba pasando, yo estaba a contraluz, por lo que no podía ver la portada de la revista, la ojeaba un rato, pero poco a poco noté como su pene cambiaba de forma, no entendía nada, los calzoncillos se levantaban abruptamente, llegado el momento, liberaba el pene y se lo tocaba, todo eso era nuevo para mi, no entendía muy bien lo que estaba pasando, aumentaba el ritmo, sin quitar ojo a la revista, hasta que llegado un punto salía un líquido blanco, salpicando por todas partes. Yo estaba ojiplática, mirando el espectáculo, pasado un rato volvía a esconder en el mismo sitio la revista y limpiaba todas las salpicaduras de aquel líquido.

Me quedé en el armario esperando, no quería que se enterase que había estado escondida en su cuarto, así que cuando se durmió, salí sigilosamente y me fui a mi cama; esa noche no dormí demasiado; no sabía lo que había pasado, pero desde luego, quería ver qué era esa revista.

Al día siguiente, se fueron mi hermano y Raúl a la playa, así que aproveché para colarme en su habitación y buscar debajo del colchón la revista, lo que vi me sorprendió muchísimo; se trataba de un ejemplar de una revista que no había visto nunca: Woman Physique World, en la portada había una chica en bikini, morena, supongo que de unos 40 años (después me enteré que no pasaría de 25), pero lo que más me llamó la atención fue que estaba flexionando un brazo y tenía más músculos que mi padre, me fijé en el nombre de la chica: Sharon Bruneau, Canadian Bodybuilding Star, no se me olvidará aquello. No sabía que había chicas tan fuertes, con esos cuerpos. Ojee la revista, el interior estaba repleto de chicas como la de la portada, incluso con mayor musculatura. Dejé la revista donde la había encontrado y salí sigilosamente del dormitorio. No regresé en todo el verano.

Aquella experiencia definiría mi vida desde entonces

diverman

3.   ...Verónica...

Me llamo Verónica, mi historia la podría resumir en un par de lineas. Me crié en una familia bastante humilde, mi aspecto me granjeó muchas posibilidades; podríamos decir que no había ninguna chica más atractiva que yo en el barrio; los chicos siempre me abordaban, pero para salir del agujero donde me había criado, tenía que cuidar con quien me enrollaba.

Siempre fui consciente que dependía de mi aspecto para triunfar en la vida, por lo que me he cuidado siempre muchísimo, he pasado incontables horas haciendo ejercicio, no he comido nada que tenga dudas si me puede sentar bien o no, no he fumado nunca; no bebo más que lo imprescindible; duermo un mínimo de ocho horas diarias; en otras palabras, mi vida está dedicada a mi cuerpo.

Hace unos años conocí a Juan, era el chico más atractivo de mi entorno, éramos la pareja perfecta, captábamos las miradas de propios y extraños, se veían las miradas lascivas, el deseo en cada vistazo. Nuestra relación era muy intensa, derrochábamos pasión; en la cama éramos insaciables. El único problema era económico, apenas llegábamos a fin de mes; mi trabajo como dependienta en un supermercado y su trabajo como reponedor en la misma cadena, no nos permitía grandes dispendios, cuando llevábamos más de un año saliendo decidí que necesitaba salir con alguien con más poder adquisitivo, alguien que me diese todos mis caprichos, que como no podía ser de otra manera, eran carísimos.

Una mañana, una compañera, me comentó que estaban buscando a una comercial para vender mobiliario de oficina, así que me llamé para concertar una entrevista y me presenté con la ropa más sexy que tenía. Cuando vi mi competencia por poco me muero de la risa, le sacaba una cabeza a cada chica; los hombres me miraban con temor; había visto esas miradas antes; mi cuerpo suele causar pavor, mis curvas, mis abundantes pechos, mi larga melena, pero sobre todo mis músculos tonificados impresionan demasiado. Esperé mi turno, mientras veía como uno a uno entraban a la entrevista. Cuando llegó mi momento, desplegué todos mis encantos; afortunadamente el entrevistador era un hombre, de mediana edad, al ver como me miraba me ajusté los pechos, y el trabajo era mío, creo que no me miró a la cara ni un momento, mis tetas lo habían embaucado; tampoco era la primera vez. La entrevista consistió en la negociación de cuanto era mi sueldo. Una semana después ya estaba trabajando con ellos. Con diferencia era la que más vendía; era muy difícil no ceder a mis encantos. Cuando mi cliente era un hombre, era facilísimo, cuando era una mujer se complicaba, pero enarbolaba la bandera del poder de las mujeres, y rara vez fallaba; logré una cartera de clientes importante; sin embargo el trabajo no tenía aspiraciones, mi sueldo había llegado a un límite y no era suficiente.

Por fin, un día, me encontré con un cliente, Raúl; era un arquitecto que estaba abriendo su primer estudio; era un encanto, no me costó venderle casi todo el catálogo, estaba colado por mis huesos; coqueteé con él todo lo que quise, quería que me pidiese salir, era evidente que además de guapo, tenía poder económico, con su cartera me podría retirar y dedicarme a vivir la vida que me merecía.

Un día, en una de las visitas lo sorprendí ojeando una página web donde aparecían chicas musculosas, eso me hizo comprender como debía jugar mis cartas. Aumenté mis entrenamientos, no solo para lograr un cuerpo aún más fuerte, o para conseguir una musculatura mayor; lo que buscaba era que él supiese que pasaba tiempo en el gimnasio; un día me llamó por una demora y le expliqué donde estaba, y le indiqué que en el momento que terminase me pasaría a solucionar el problema. Así, que sin ducharme, salí del gimnasio, vestida, como no, con la ropa más sexy que tenía, la que me garantizaba toda la atención posible; corrí hasta casa para dejar el coche y llevarme la bicicleta, quería estar radiante cuando me viese, así que en vez de ir paseando fui corriendo a lo que me daban las piernas; cuando llegué a su oficina estaba empapada en sudor; pude ver como se excitaba al verme; ya había conseguido lo que quería, lo tenía a mis pies.

       
  • Perdona Raúl, me has cogido en el gimnasio y solo tenía la bicicleta a mano, he venido todo lo rápido que he podido, no quiero que mi cliente favorito tenga ningún problema. -dije de la forma más juguetona que se me ocurrió, sin disimular los sonoros jadeos que me provocaba la falta de aliento.- Si no te importa me gustaría sentarme, tengo las piernas totalmente destrozadas. -Decía mientras me acariciaba mis musculosas piernas, hinchadas del ejercicio que acababa de hacer; su erección era evidente.
  • No sabía que tuvieses unas piernas tan fuertes. -dijo inocentemente
  • Bueno, las piernas no son mis mejores músculos, normalmente los oculto, no suelen gustarle a nadie -dije mientras flexionaba el brazo, sabiendo la reacción que tendría mi imponente brazo sobre él.
Se quedó petrificado; mostrando una fingida timidez relajé el brazo.

       
  • ¿Vés?, eso es lo que pasa cuando un chico ve mis músculos, se quedan cortados y salen corriendo.
Había picado el anzuelo, empezó a balbucear algo ininteligible, mientras miraba boquiabierto mi musculatura. Yo disimuladamente agarré el catálogo más pesado, mientras flexionaba al máximo el bíceps, como si fuese necesario para tal fin. Tardó un rato en reaccionar, yo ya le estaba hablando de los envíos, a sabiendas que no me podía escuchar, lo había dejado KO.

Días después me pidió que le echase un pulso, me hice la sorprendida, pero acepté, era parte del juego, posiblemente le gustase ser dominado. Realmente nunca me había costado ningún trabajo conquistar a cualquier hombre, incluso había roto parejas muy estables; había usado todo tipo de artimañas, usado cualquier situación, cualquier prenda de ropa, casi siempre haciéndome la encontradiza, la inocente comercial arrebatadora, generando los malentendidos necesarios para destruir la más estable de las parejas; pero nunca me había encontrado con un tipo que pudiese disfrutar de mis músculos, que aunque no eran gigantescos, eran imponentes, y la fuerza que contenían era descomunal para una chica con mi aspecto.

El pulso fue muy satisfactorio, notaba su excitación, mantuve la posición, jugué con él cuanto pude, flexionaba mi brazo bajo la manga, haciendo saltar las costuras, como si me costase mucho trabajo vencerle; cuando lo creí necesario empecé a empujar gradualmente, poniendo cara de mucho esfuerzo hasta que lo vencí. La realidad es que no me costó el más mínimo esfuerzo, fue mucho más sencillo de lo que hubiese pensado.


       
  • Te has dejado ganar, como alguien como yo podría vencer a un hombretón como tú. -Dije con la mirada y la voz más seductora que tengo.
Notaba como se sonrojaba


       
  • En absoluto, me has vencido limpiamente, he echado el resto, y no he podido contigo, eres mucho más fuerte de lo que pensaba
Me reí un poco, jugando con él, con sus sentimientos. A continuación, cuando me marchaba, él se levantó, y no pudo disimular la mancha que había dejado en su pantalón, se había corrido encima, no me había pasado nunca que un hombre se excitase tanto conmigo.

Poco después terminamos de amueblarlo todo y entonces, por fin, me pidió una cita; salimos a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, mi aspecto era arrebatador, no quería que tuviese ninguna duda de lo que tenía delante, jugué con él, usé todo mi erotismo para embaucarlo, esa noche me pidió sentir mis músculos.


       
  • Pero tengo que confesarte que me gustas, y si te muestro mis músculos, o sientes su dureza, quizás te asustes, ya me ha pasado antes. -Dije con el tono más inocente que pude
  • Creeme cuando te digo que cuanto más duros, cuanto más grandes, más cerca me tendrás, no pienso salir corriendo nunca.
A continuación flexioné lo mejor que pude mi brazo derecho, el más desarrollado, saltó un bíceps algo más pequeño que una pelota de tenis, pero muy duro, el posó su mano encima y noté como me apretaba; lógicamente la dureza del músculo era mucho mayor que su apriete, por lo que se quedó muy complacido; yo mientras tanto ponía cara de vergüenza, intentando disimular la falsa timidez que vendía. Noté como se excitaba, empezó a acariciarme, pude notar como se corrió nuevamente; que fácil iba a ser esta relación, lo tenía en mi bolsillo, podría comer de mi mano si de haberlo querido.

Comenzó una relación muy fructífera; en poco tiempo Raúl ganaba suficiente dinero como para mantenernos a los dos; por fin pude dejar de trabajar, y dedicarme a vivir; empecé a darme los lujos que yo quería; estuvimos saliendo durante cuatro años, viajando, saliendo a comer a los mejores sitios, con los mejores vestidos, las mejores joyas; todo el dinero que ganaba era para mí. Era feliz. Respecto a la vida sexual era satisfactoria, no alcanzaba los niveles de Juan, pero lo pasábamos bien.

Decidimos casarnos, en el proceso de invitación de gente, fuimos recorriendo a todos nuestros familiares y amigos, nuestra relación era tan fuerte que no me pesaba enseñarle el barrio donde me había criado, presentarle a mis familiares, que distaban mucho socialmente del ambiente en el que él se había criado; incluso me permití presentarle a alguno de mis ex-novios, incluido Juan. Cuando lo vi recordé los buenos momentos que pasábamos en la cama, el disfrute que suponía follar toda la noche, llegar al orgasmo incontables veces; eso fue mi perdición, no caí en que Juan seguía inmerso en el agujero del que yo había salido, seguía trabajando en los mismos supermercados, con el mismo sueldo mísero que tenía cuando lo dejamos.

No pasaron ni dos días cuando aprovechando un viaje de negocios de Raúl lo llamé, necesitaba acariciar su cuerpo, fornicar toda una noche nuevamente, así que comenzó la relación de infidelidad que terminaría cuando Raúl nos sorprendió un mes más tarde en la cama, intenté explicarle, pero era tan evidente lo que había pasado que no había justificación. No me creyó cuando le dije que le quería, que había sido un desliz, algo pasajero, que era el hombre de mi vida, no me creyó.

En dos días se había mudado, y ahora me encuentro sin trabajo, sin alguien que me mantenga y para colmo, sin Juan. Tras lo que pasó con Raúl, Juan me confesó que me había desarrollado demasiado, me dijo que era demasiado dura para él, no comprendía porqué las mujeres iban al gimnasio, porqué desarrollaban sus cuerpos; así que tampoco logré mantenerle a él; en poco más de un mes me habían dejado dos hombres, los dos únicos que me han dejado.

Como toda mi vida, tengo muy claro lo que tengo que hacer, voy a buscar a Raúl y lo reconquistaré, tengo demasiadas armas para que alguien como él no caiga nuevamente rendido a mis pies. Tengo que ser muy sutil, como siempre, no se trata de empezar a llamarlo a acosarlo, no me puede ver desesperada. Elaboro un plan, en el que me vea casualmente, feliz, no tendré porqué estar acompañada, no se trata de eso, quizás sea mejor estar sola, dar algo de pena. Comprenderá cuando me vea el daño que me hizo, pero sobre todo, el daño que se hizo a él mismo.

Me reuno con un maromo en el gimnasio que me pasa esteroides anabólicos, me da indicaciones; tengo que crecer, se que si logro unos músculos suficientemente grandes, Raúl no tendrá opción. Tengo mucho tiempo al día, así que paso doce horas diarias entrenando, en menos de un mes ya tengo mucho más volumen que antes, aun así no he perdido mis encantos de siempre, sigo siendo el centro de atención. Me sorprendo mirándome en el espejo de casa, flexionando cada músculo, me gusta mi reflejo, el poder que encierra mi cuerpo es tremendo.

Veo por su cuenta de twit*** que pasará el verano en Huelva, así que me busco un transporte barato y un alojamiento de intercambio, no puedo permitirme pagar un hotel. Consigo un viaje compartido y un sofá muy cerca de donde se alojará Raúl. Todo lo consigo nuevamente con mi aspecto; la foto que uso en mis perfiles me siguen abriendo todas las puertas.

Me acomodo en el Rompido, en un piso no muy grande; mi anfitrión es un chico de unos 20 años, mide una cuarta menos que yo; al ver mi estampa se amilana, lo domino. Como otros tantos, mis abundantes tetas lo distraen del todo, lo abstraen hasta el absurdo; me cambio y me pongo la parte de arriba de un bikini amarillo, mínimo, que contrasta con mi piel morena; la visión de mis pechos es abrumadora; juego con él, tardo un par de horas en que me cambie del sofá cama a la habitación de sus padres, ausentes en un viaje del Inserso.

No tardo en averiguar donde se hospedará Raúl, veo que tiene buenos amigos, la casa es imponente, me dedico a estudiar el entorno, veo las costumbres de su amigo; tengo que medir muy bien mis pasos antes de que llegue Raúl; todo deberá parecer casual.

diverman

4
...Sofía...

Poco después de encontrar aquella revista me empece a informar sobre lo que había pasado, hablé con alguna amiga, y las más mayores me explicaban que los chicos hacían esas cosas como un alivio sexual, generalmente mirando revistas pornográficas.

Aquello me aclaró las cosas, el chico que me gustaba no buscaba una chica simplemente guapa, o alta, o delgada, buscaba una chica fuerte, con músculos, si podía ser, mayores que los suyos, eso era lo que le gustaba, y eso sería lo que iba a motivar mi día a día desde aquel momento.

En las revistas que tenían mis padres encontré ejercicios para fortalecerme. Con siete añitos empece a realizar flexiones, abdominales, corría cuando podía, todo muy descontrolado, pero con un objetivo claro: desarrollar mi cuerpo al máximo. El paso de los meses no mermó mis ganas, mi ilusión, de echo, al ver los progresos aumenté las repeticiones, los minutos que corría, la cantidad de escaleras que subía, era todo un juego.

Cuando llegó el siguiente verano no hospedamos a Raúl, esta vez, sus padres habían venido, así que se quedó con ellos. Me hubiese gustado fisgar en su cuarto, pero no tuve ocasión. Durante el verano lo espié, intentaba ver si le llamaban la atención las chicas musculosas, pero para mi decepción, no nos cruzamos con ninguna, de vez en cuando, cuando mi hermano le llamaba la atención sobre alguna chica despampanante, él miraba, pero ya no veía su mirada lasciva que si se apreciaba en mi hermano.

Al regreso del verano logre reunir dinero para comprarme un set de mancuernas, no era mucho peso, pero me permitía entrenar músculos que antes me era imposible. No tarde en notar que la fisionomía me estaba cambiando, la espalda era cada vez más ancha, se me notaban los abdominales.

Un día en el colegio se rieron de mis incipientes músculos, me dijeron que era un niño, aquel  día regresé llorando a casa; mi madre, al verme me preguntó lo que había pasado, le confesé que llevaba tiempo entrenando porque quería tener músculos, no le dije porqué, tan sólo lo quería, y parecía que a los chicos del colegio no les gustaba una chica con músculos como los míos. Para mi sorpresa, mi madre me reconoció que ya lo sabía, que llevaba tiempo notando como me estaba desarrollando, sabía que me entrenaba, sabía también que tenía pesas en casa y que las usaba mucho; aquello me cogió por sorpresa, pero lo mejor fue, que lejos de desalentarme, me ánimo aún más, buscamos un gimnasio que aceptase a una niña de ocho años con ganas de muscularse, y por fin encontró un pequeño gimnasio en el que aprendí todo lo que sé sobre musculación. Mi entrenador me enseño todas las técnicas. Me reguló la alimentación, hasta el punto que controlo la cantidad de grasa corporal y el ejercicio aerobicos para que la musculatura no se defina demasiado; al fin y al cabo estamos en una sociedad en la que la musculatura en general no está bien vista, pero el caso de las mujeres es aún peor.

Con doce años ya era mas fuerte y grande que mi hermano, recuerdo con ilusión como alentada por mi madre hicimos un campeonato de pulsos en casa, vencí a cada uno de los miembros de mi familia, pero con diferencia, lo más satisfactorio, fue machacar a mi padre. Cuando lo vencí flexioné mi bíceps al máximo, dejando visible todo su poder, mi padre alcanzo mi brazo con su mano y apretó incrédulo, no entendí porqué hacia eso, pero no cesé mi flexión. Aquello me motivó aún más.

Lamentablemente no volví a ver a Raúl, con la adolescencia dejó de acompañar a sus padres, y ni mi hermano ni él nos acompañaban. Los veranos eran aburridos, me dedicaba a correr por la playa, aprovechaba el equipamiento que ponían en los paseos marítimos para hacer todo el ejercicio que podía. Cuando apretaba el calor nadaba innumerables horas, todo era poco para cultivar mi cuerpo, estoy segura que por aquel tiempo, si Raúl me hubiese visto se habría masturbado con mi imagen, sabía que era su sueño húmedo. Lamentablemente no hubo ocasión para enseñarle en lo que me había convertido.

Redoblé mis entrenamientos, mi ritmo de crecimiento aumentó, supongo que la adolescencia juntó a mi desarrollo como mujer, me ayudó, pero con 18 años, cuando empecé la carrera era la mas fuerte del gimnasio, aunque mi musculatura la lograba esconder bastante bien a voluntad, tenía claro que un aspecto musculoso me cerraría muchas puertas.

No cejé en mi empeño, ya había tirado la toalla respecto a Raúl, suponía que algún día encontraría algún chico que le gustase mi cuerpo, con el que disfrutase como había supuesto que disfrutaría con Raúl. Me había convertido en una chica muy atractiva; había heredado los pechos de mi rama materna, el ejercicio los había reducido un poco, pero dado que no realizaba demasiado ejercicio aeróbico, seguía teniendo unos pechos que eran muy llamativos, más aún en chicas que practicaban deporte como yo.

He conocido a muchos chicos, pero los pocos que aguantan un par de citas salen corriendo cuando se enteran del poder que almacena mi cuerpo. Me he acostumbrado a ser la guardaespaldas de mis amigas, cuando salgo con ellas y no me apetece compañía masculina, basta con realizar un par de flexiones cuando me intentan abordar, y salen disparados. Cuando un moscón no deja tranquila a alguna de mis amigas, me hace una señal y en un instante me deshago de él.

Noto como el paso de los años hacen mella en la esperanza de mis padres de que encuentre pareja, son conscientes de la dificultad extra que es para mi, el encontrar a un hombre adecuado.

En la Navidad de este año recibí una noticia que me deprimió un poco, en la reunión familiar de noche buena, Olivier nos informo que Raúl se casaría en primavera; aunque ya había tirado la toalla con él, tenía la vana esperanza de que quizás algún día caería rendido a mis pies. Me refugié en el ejercicio físico nuevamente, me fortalecí aún más. Cuando terminaba el curso decidí pasar el verano en la casa de mi hermano en El Rompido, el gimnasio que monté en el sótano hace años me vendría bien para despejarme, quizás haya llegado el momento de empezar a mostrar mi cuerpo, de dejar de ocultarme, incluso me podría plantear competir.

Cuando llegué al chalet lo primero que me sorprendió fue la noticia de la cancelación de la boda de Raúl, pero lo que más me gustó fue que iba a pasar unos días con nosotros, tenía que lograr seducirlo, y se me antojaba especialmente complejo tras una ruptura como la que había tenido.

Mi hermano se preocupó muy mucho en advertirme de que no molestase a Raúl; él sospechaba que yo siempre había sentido algo por él, no podía haber acertado más.

Estoy ansiosa, tengo muchas ganas de ver a Raúl nuevamente, han pasado muchos años, he cambiado muchísimo; la última vez que lo vi, apenas tendría 11 años. Escucho el timbre, me tiembla el pulso, me duele el estómago, corro a una ventana, lo tengo que ver, quiero verificar que el recuerdo que tengo de él no ha variado.

No me decepciona, su aspecto es radiante; su expresión es de suma tristeza, pero sigue teniendo ese "no se qué" que me enamoró desde muy temprana edad.

Vienen caminando hacia la puerta, no puedo más, corro a abrirles, no puedo disimular mi alegría al verle.

       
  • ¡Cuanto tiempo! -digo mientras me abalanzo y le doy dos besos- a juzgar por tu expresión no recuerdas quien soy, ¿verdad? -Digo algo decepcionada al ver su cara de sorpresa
  • Lo siento, la verdad es que no te ubico, y no me lo perdono, no debería olvidar a una chica tan guapa.
¡Me encanta!, no ha perdido su ser, cada palabra que dice se me clava en el corazón.

Mi hermano me pide distancia, ya me ha dejado claro que no quiere que avasalle a su invitado, cuando pasa empujado por mi hermano le escucho decir

       
  • Perdona Sofía, no te había reconocido, la última vez que te vi eras tan pequeña que no me esperaba que te hubieses convertido en la mujer que eres ahora.
Nada a cambiado, me derrite cada palabra que pronuncia, me quedo sin palabras mientras siguen caminando hacia el salón, cierro la puerta. No puedo borrar la sonrisa de mi boca, mi hermano baja después de haber ensañado la habitación a Raúl y me espeta:

       
  • Raúl está agotado, además como sabes, lleva una mala racha; me gustaría charlar con él; ¿porqué no sales esta noche?, y así nos dejas un rato de intimidad, ya tendrás tiempo de estar con él.
No me gusta el plan, no me divierto cuando salgo, aquí no tengo apenas amigos, y cuando salgo no paran de abordarme los maromos; pero comprendo a Olivier, asiento a regañadientes.

Me arreglo para salir, me pongo lo más sexy que puedo, espero que Raúl me pueda ver esta noche cuando regrese. La noche transcurre como las pocas noches en las que he salido. Me dirijo al mejor bar del pueblo, me siento en la barra, donde está la única chica que conozco, se trata de Sara, una despampanante rubia de 1,80 m, con unos pechos mayores que los míos, cerca suya no llamo la atención, por lo que disfruto estando allí sentada charlando con ella. Veo como le entran toda suerte de babosos, ella flirtea con cada uno, se consigue una propinas impresionantes. No creo que nadie en el pueblo sepa la tendencia sexual de mi amiga, y la verdad es que en un sitio tan pequeño no es fácil que te gusten las chicas, más aún para un bellezón como ella.

       
  • Estas arrebatadora, ¿has decidido que hoy sea el día? ¿Hay algún hombre afortunado cerca? -dice coqueteando conmigo- sabes que cuando quieras probar cosas nuevas estoy disponible, -dice mientras se ajusta las tetas, dando un espectáculo que no pasa desapercibido en el entorno masculino.
  • Realmente sí hay un chico, pero lo estoy cocinando a fuego lento, esta noche quiero que me vea así -digo contoneandome, mostrando mi generoso escote, ella sonríe.
  • Lástima, tenía la esperanza que te hubieses vestido así para mi, sabes que me muero por tus huesos, adoro tu musculatura.
Reímos las dos.

Durante las horas que estoy allí me abordan varias veces, en cada caso agradezco el halago pero rechazó la invitación, cuando la noche avanza y el grado etílico de los maromos va aumentando, empiezan a no entender que es lo que quiero decir con mis continuos rechazos. El último que me abordó fue un insensato, que tras mi rechazo osó agarrarme por el brazo con fuerza, instintivamente flexioné, abriendo su mano, imparable ante el crecimiento súbito de mi gigantesco bíceps.

       
  • ¿Pero que pasa aquí?, ¿Acaso hay un campeonato de chicas con músculos o qué? -dice balbuceando, mientras se aleja no sin echarme miradas de repulsa mientras espeta algún insulto que no logro oir.
Me pica la curiosidad, no suele haber chicas musculosas por aquí, quizás tengamos una nueva vecina con la que compartir mi gimnasio. Busco a Sara, me doy cuenta de que está excitada, cuando se acerca me toca el brazo, aún hinchado de la última flexión, lo vuelvo a flexionar para su deleite. Ella se muerde el labio inferior.


       
  • No es justo que un cuerpo como el tuyo no lo pueda disfrutar alguien como yo -dice desde el corazón- Deberías sacar tus músculos a pasear más a menudo, son espectaculares.

       
  • Ya sabes que no quiero ser el centro de atención de nada, y una chica con músculos llama demasiado la atención, y generalmente, para mal. Por cierto, el maromo que acabo de despachar me ha dado a entender que hay otra chica con músculos por aquí, ¿Sabes algo?
  • Si, hoy ha venido una chica despampanante, algo más alta que yo, aunque llevaba unos tacones espectaculares. Sus pechos eran como los míos, pelo Rubio, largo, morena de piel, pero lo mejor era su cuerpo, tenía músculos por todas partes, y no se molestaba en disimularlo. Cuando llegó llevaba una chaqueta puesta sobre un micro bikini amarillo, se veían sus abdominales perfectamente marcados, ha retado al mas fuerte del bar a un pulso, se han apostado dinero y cuando estaban dispuestos se ha quitado la chaqueta, ha flexionado sus brazos y se veía que disfrutaba con la reacción de pánico de su oponente. El pulso ha durado un par de segundos. Ha cogido el dinero y ha salido. La situación me ha puesto a 100.
  • ¿Sabes algo mas de ella? Quizás podríamos entrenar juntas algún día.
  • Ya quisiera yo, pero la próxima vez que la vea intentaré enterarme de algo, quien sabe, quizás le gusté alguien como yo.
  • Me voy a poner celosa -digo riéndome.
Pago mis copas y me marcho a casa, no quiero llegar demasiado tarde y arriesgarme a que Raúl se haya acostado; sería una pena desperdiciar este vestido

Cuando llego a casa veo luz en el porche, así que accedo directamente a la parte trasera, intento ser sigilosa, pero los tacones hacen demasiado ruido, me ajusto el vestido, miro hacia abajo para ver el escote que me baja hasta el ombligo; estoy arrebatadora. Al girar la esquina veo que me están esperando, ambos en silencio, aun no me pueden ver; aminoro el paso, me muevo lo más sensualmente posible, acentuando en cada movimiento el baile de mis pechos, subo la escalera, me fijo como Raúl se queda hipnotizado mirando mis abdominales, los flexiono un poco, se que le ponen aún más que mis tetas; no me decepciona.


       
  • ¡Aquí arriba!. -le digo para llamar su atención, no puedo parar de sonreír, ha mordido el anzuelo; ha merecido la pena todo lo que he hecho hasta ahora- Me alegro de que te guste mi modelito, hoy no he tenido mucho éxito, solo se me han acercado maromos más calientes que el palo de un churrero. -Digo jugando con él.
  • Bueno, no me extraña, desde luego, si no estaban calientes, ya los has calentado tu. Estás arrebatadora. -Dice de la manera más sincera.
No me puedo sentir más halagada, mi hermano se levanta, espero que no le siga Raúl, me gustaría charlar con él un rato. Veo que no se mueve, así que tomo asiento, hecho los hombros para atrás acentuando el escote, funciona, no me quita ojo. Hablamos durante horas, pero me llama la atención cuando me saca el tema de mi situación sentimental

       
  • ¿Debes tener algún chico que se derrita por tus huesos? -Me pregunta Raúl
  • Realmente no, aún no he encontrado al chico perfecto. -Le contesto inocentemente
Pero no puede ser, deberías tener una montón de chicos cortejándote todo el día, llamándote, intentando robarte una sonrisa, quizás un beso.

Lo miro con dulzura, no ha cambiado, sigue enamorándome.

       
  • Realmente los pocos chicos que se han atrevido a acercarse, lo hacen porque les gusta mis curvas, no son capaces de ver más allá de mi escote; para mi eso es muy frustrante; tengo que demostrar continuamente quien soy, porque la etiqueta de "Barbie" la llevo en la frente. No se, quizás la persona más cercana sea la adecuada; pero hasta ahora no he recibido ofertas. -Digo juguetonamente.
Veo como reflexiona tras cada frase que digo, pero es demasiado inocente, no se da cuenta de como le tiro los tejos; continuamos la conversación por otros derroteros. Al rato decidimos que es demasiado tarde, así que nos despedimos y nos subimos a dormir.

diverman

5
...Verónica...

 
Mi estancia en El Rompido, por decirlo de alguna manera, está siendo enriquecedora. El gandul que me hospeda intentó tocarme hace un par de días, sin pensarlo ni un momento le di tal puñetazo que lo dejé con la mejilla sangrando, inconsciente en el suelo durante un par de horas, lo usé para descansar los pies mientras veía su patética televisión. Esta violencia no la había necesitado nunca, y he de reconocer que me excita. El poder que tengo sobre toda esta caterva de inútiles me pone a 100, quien sabe, igual tenga unavena dominatrix oculta.

Cuando despertó cambió el rol de nuestra absurda relación, ahora hay una situación de dominación y servilismo; en mi presencia tiene que estar a cuatro patas o de rodillas, de vez en cuando le infrinjo daño físico; está lleno de magulladuras. Es la primera vez que me pasa esto, pero mi cuerpo me pide guerra, mis músculos rabian por golpear a alguien; aprovecho cuando estoy en casa para ejercitarme con las ridículas pesas de mi anfitrión. Cuando le dejo mirar como me entreno, el babea como el anormal que es.

Por las noches tengo una rutina, me pongo arrebatadora, muestro todos mis atributos; me pongo los tacones más altos que tengo, tapo mis brazos y la mitad alta de las piernas, no quiero espantar a nadie, pero dejo bien visibles mis tetas, ellas me han abierto demasiadas puertas como para ocultarlas, son mi mejor escaparate. Salgo a la calle, le saco prácticamente una cabeza a todos, no hay macho ni hembra que no se pare a mirarme, la situación me excita.

La idea es andurrear por el entorno de la vivienda en la que se aloja Raúl, buscando algún atisbo de su rutina, intentando hacerme la encontradiza. Para disimular, voy a bares, donde me granjeo alguna bebida insinuandome al primero que se me acerca; cuando he conseguido lo que quiero, lo suelo dejar tirado. Si el pollo en cuestión merece la pena, me lo he llegado a beneficiar en la playa, pero tan solo para aliviar mi tensión sexual, que estos días es muy alta. Tras esto suelo regresar a casa donde el servil de mi anfitrión debe esperarme despierto para lamerme las botas. Solo se podrá acostar cuando yo esté acostada, y siempre en el suelo bajo mi cama.

Lo poco que he podido ver a Raúl ha sido en el porche de la casa de su amigo, es muy difícil hacerme la encontradiza si no sale de casa. Tendré que alargar mi estancia y esperar a que se anime a salir.

Regreso a la pocilga donde me hospedo, veo al atontado que al verme se arrodilla como es su deber

       
  • No me pegues por favor, mis padres llegan hoy y no saben que estás aquí, ¡necesito que salgas! -dice entre sollozos
Me rio escandalosamente, noto la cara de preocupación de mi anfitrión. No me costará deshacerme de los viejos, no pienso preocuparme por cambiar mi estatus en esta casa por un contratiempo tan tonto.

       
  • ¿A que hora llegan tus padres? -pregunto inquisitiva
  • En menos de media hora, el autobús ya ha llegado, me han llamado desde la estación.
  • Bien, dejemos las cosas claras. Yo no me voy a ninguna parte. Tu vas a dejarte de comportar como el imbécil que eres. Vamos a decirles a tus padres que soy una novia que te has echado, y que dentro de poco regresaré a mi casa. Ten en cuenta que si haces algo mal, tendré que castigarte, y todo lo que te he hecho será ridículo en comparación con lo que te viene encima; y no pienses que a tus padres los dejaré en paz, ellos también recibirán.
Él me mira atemorizado asintiendo. Recojo mis cosas del dormitorio de los padres, las traslado al dormitorio del chico, me visto de una forma más decente, pero sin disimular mis encantos, nos sentamos en silencio en el salón a esperar la llegada de los viejos.

Escuchamos la llave, mi anfitrión se levanta a la velocidad del rayo, yo lo sigo muy calmada. Los padres son bajitos, mayores de lo que hubiera pensado a juzgar por la edad del atontado que me acogió. La reacción del padre al verme no podría haber sido más predecible, se le ha caído la mandíbula al suelo, la madre también es predecible, me mira con cara de odio. Me presento con el tono más inocente que puedo forzar, no puedo ser mas sexy, noto como el padre tiembla cuando desciendo sobre él para darle dos besos. La madre refunfuña cuando hago lo mismo. Les cojo las maletas y los acompaño a su dormitorio, les voy hablando bondades de su hijo, de lo bien que nos lo pasamos juntos; continúo así durante un buen rato. La semilla ya está plantada, no tienen duda de que su hijo y yo somos pareja, esta noche les daré el motivo que necesitan para irse a otro sitio.

Cenamos los cuatro, me intereso por sus vidas, necesito que confíen en mi. El papel de niña buena me gusta tanto, me pone en control de la situación; el padre no logra articular palabra, apenas come, no aparta la vista de mi escote, la madre me interroga a la mínima, no le gusto, pero es normal, no me sorprende; y el hijo me devora con la mirada, con una sonrisa bobalicona, parece mentira lo fácil que es de manipular.

Cuando terminamos de cenar, alargo un poco la sobremesa, pero llegado el momento, acaricio la mano de mi anfitrión, asegurándome que la madre se de cuenta, me acerco al oído sutilmente y le susurro que deberíamos irnos a la cama. No he podido ser más convincente, se levanta a la velocidad del rayo, nos despedimos alegando que tenemos mucho sueño y desaparecemos en su cuarto. Esta noche no la olvidará ni el atontado de mi anfitrión ni los babosos de sus padres.

Me desnudo lentamente, provocando con cada movimiento, le voy susurrando con la voz más sensual lo que quiere oír, eyacula antes de haberlo tocado; hago caso omiso, cuando estoy totalmente desnuda le ha vuelto la erección, me tumbo sobre él, y follamos ruidosamente. No cedo a su cansancio, estamos no menos de cuatro horas, la última vez no logro que se excite, pero sigo haciendo los gemidos como si estuviese llegando por enésima vez al orgasmo; él, aunque agotado, sigue hipnotizado por mi cuerpo; ya no solo mira mis tetas saltando, mira cada centímetro de mi piel, mis músculos; aún estoy caliente, así que lo quito de un manotazo de la cama, me tumbo y le exijo que me lama el sudor. Él obedece, mientras lame cada músculo me masturbo para liberar la tensión sexual que acumulo. Los ruidos no cesan hasta que quedo satisfecha. Son las tres de la mañana.

Al día siguiente, nos levantamos a las 11, sobre la mesa de la cocina hay una nota «Nos hemos vuelto al pueblo, aquí hace demasiado calor, no logramos dormir, disfrutar del verano. Te quieren Mama y Papa»

¡Misión cumplida!

Me acerco a mi siervo y le doy un manotazo para dejar las cosas claras, rueda por el suelo agarrandose la cara.

       
  • Lo de anoche era para que tus padres se marchasen, aún así disfruté; si me sirves bien, lo repetiremos, así que no hagas tonterías.
No osa contestarme, asiente humildemente sin levantar la mirada del suelo.
¡Que divertido es esto!.

diverman

6
...Raúl...

Me despierta el sol entrando por las ranuras de las persianas, el olor a mar me retrae a los veraneos de hace muchos años, cuando mi familia y yo viajábamos a Valencia, la Costa del Sol, la Costa de la Luz, ..., fueron unos años fantásticos, muchos de ellos los pasé con Olivier, y supongo que con su hermana pequeña, la verdad es que apenas me acuerdo de ella. Escucho ruido en la planta baja, así que me calzo un bañador y una camiseta y bajo a desayunar.

En la mesa están Olivier y Sofía, al verme me indican que me siente, disfrutamos del café y las tostadas mientras me cuentan el plan para hoy; saldremos varios amigos con la lancha, comeremos en el barco, y por la tarde intentaremos hacer algo de esquí acuático.

Me preparo para salir, y cuando bajo ya están nuestros acompañantes, veo con tristeza que Sofía no está, pero bueno, nos lo pasaremos bien. Somos cinco en el barco, cuando nos alejamos un poco acelera y me quedo impresionado de la velocidad que alcanza la lancha; el sol, la música, las más que abundantes cervezas, la charla intrascendente, hacen que el tiempo pase rápido; cuando nos paramos a comer me sorprende ver un pequeño velero que se acerca a nosotros.

       
  • Aqui llega Sofía. -Dice Olivier señalando al velerito- A ella le encanta navegar a vela, por lo menos comerá con nosotros.
Solo cuando está muy cerca la puedo reconocer; arría las velas y el barquito poco a poco se acerca, Olivier se sirve de un bichero para alcanzarlo, y con un cabo lo ata a una cornamusa por la proa y la popa después; Sofía lleva enfundado uno de esos trajes de neopreno que se ciñen al cuerpo en cada centímetro; Se le marca su espectacular figura, me quedo en un segundo plano mientras el resto de compañeros la saludan, ella me busca, y cuando ha terminado de saludar se acerca a mi lado, me fijo en cada detalle de su cuerpo, intentando disimular, pero fracasando estrepitosamente en mi intento.

       
  • Veo que el modelito de hoy también te gusta -Dice jocosamente
  • Desde luego. Para que negarlo, te puedo asegurar que he intentado no ser demasiado descarado, ¡pero ha sido imposible!
Ella se ríe

       
  • Si, la verdad es que este tipo de prendas marcan cada curva, pero lo cierto es que és un poco incómoda, ayúdame a quitármela. -Dice mientras me da la espalda, donde hay una cremallera que le baja hasta el final de la espalda.
Se quita el traje poco a poco, realizando una serie de movimientos que me resultan tremendamente eróticos, desvío la vista, no quiero dar un espectáculo aquí. Busco al resto de ocupantes del barco, y pasa lo evidente, cada uno de ellos, salvo Olivier que está preparando unos bocadillos, está atento a cada movimiento de Sofía. Me acerco a ayudar a Olivier.

Durante la comida me fijo furtivamente en el cuerpo de Sofía, ahora va con un bikini mínimo, que no tapa prácticamente nada; lo que más destaca, además de su cara, de su expresión, son sus pechos, son abundantes, apetecibles. El resto del cuerpo denota horas de gimnasio, aunque con una capa de grasa corporal visible se pueden ver algunos músculos que saltan a cada movimiento, no llega al cuerpo de Verónica, pero desde luego, es muy sexy, y la frescura que derrocha la hace adorable.

Cuando terminamos de comer, se vuelve a enfundar el traje de neopreno y se va en su velero, nosotros en ese momento empezamos a prepararnos para el esquí acuático. Olivier es el primero; uno de los amigos se encarga de llevar el timón del barco mientras Olivier disfruta un rato; van pasando cada uno de los amigos por los esquíes, hasta que llega mi turno, intento zafarme pero es inútil, mi absoluto desconocimiento de la técnica no es óbice para evitarme el mal trago de hacer el ridículo; así que me tiro al agua, me calzo los esquís y veo como se tensa poco a poco el cabo que me ata a la lancha, escucho el rugido del motor y siento la tensión; soy arrastrado unos metros hasta que paran; a gritos me dan instrucciones, que tras dos o tres intentos adicionales, consiguen su efecto y por fin logro levantarme, intento cambiar el rumbo con poco éxito, pero por lo menos logro ir en linea recta, empiezo a disfrutar; tras un par de minutos me animo a echar el peso a un lado, y funciona, me deslizo hacia la derecha, cambio a la izquierda y lo mismo, me sigo animando, me da la sensación de que he nacido para esto, así que realizo un giro rápido para intentar dar un salto con la estela que deja la lancha, pero cuando salto, pierdo el control y me estampo contra el agua, reboto y me termino chocando con un barco que estaba varado.

La pierna derecha me duele muchísimo, me la palpo bajo el agua y me horroriza sentir que algo no está bien, no está en su sitio; escucho como la lancha se acerca lentamente; la mirada de todos es de mucha preocupación, el golpe ha debido ser bastante espectacular; se interesan por mi, les explico lo de la pierna, así que entre dos me sacan del agua con sumo cuidado, me tumban sobre la cubierta de la planeadora y uno de ellos, que parece ser médico, me encaja el hueso; el dolor es intenso, pero por lo menos el aspecto no es tan funesto.
Nos dirigimos a casa de Olivier, de allí, sin cambiarnos nos vamos al hospital donde me indican que se me ha roto el fémur, lo que implica un par de meses de reposo, escayola hasta la ingle y revisiones continuas para verificar la correcta soldadura del hueso.

Regresamos con dificultad a casa de Olivier, me da la sensación de que le he frustrado su verano; tengo que ver la manera de regresar a casa, Olivier está muy serio. Cuando llegamos me ayuda a modo de apoyo para acercarme al interior de la casa, nos sentamos en el porche y le indico:

       
  • Bueno, siento lo que ha pasado, me lo estaba pasando muy bien y os he estropeado el día; pero no te preocupes, mañana mismo veo la forma de irme.
  • No digas tonterías, me siento fatal por lo que ha pasado, vienes unos días a disfrutar y te parto una pierna. Creo que he batido el récord en metedura de pata. Perdona la referencia. -Dice visiblemente avergonzado.
  • Realmente no me preocupa la pierna, ya se curará, y lo cierto es que los días que pase aquí con vosotros son días que no paso solo en casa; aún así, insisto en marcharme, no quiero molestar más de lo necesario.
  • Aquí no molestas, entre Sofía y yo te cuidaremos estupendamente. A no ser que tengas que regresar por alguna otra razón, te quedas aquí el tiempo que sea, y no hay más que hablar.
  • Bueno, no insisto más pero, si molesto, decídmelo y estaré fuera en un par de horas, y no cambiéis vuestros planes por mi, continuad con vuestra vida.
Parece que se conforma, cenamos algo, nos tomamos una copa, pero hoy estamos demasiado cansados los dos y con dificultad, subimos a nuestros cuartos.

diverman

7
...Sofía...

Me levanto temprano, hago mis ejercicios matutinos y subo a desayunar, mi hermano está preparando el café, me pongo a ayudarle, no intercambiamos más que saludos y datos irrelevantes sobre el clima y demás; me cuenta lo que va a hacer hoy, y le digo que posiblemente me acerque con el RS100 a comer, pero que me apetece navegar; hoy hay previsto un levante constante, y eso es diversión garantizada. Además, quiero crear intriga con Raúl, no quiero que me vea todo el día alrededor suya. Veo como baja Raúl, con su bañador y su camiseta, me vienen recuerdos de la infancia. Desayunamos y mientras mi hermano y Raul se preparan, yo salgo hacia el club a por mi RS100.

Paso la mañana navegando, me lo paso estupendamente, voy controlando continuamente donde está Olivier con su planeadora; cuando veo que echan el ancla para comer, me acerco a ellos, arribo mi barco al suyo, arriando las velas. Me fijo en sus acompañantes; hacía tiempo que no los veía. Me doy cuenta cuando subo al barco que mi traje de neopreno hace las delicias de cada uno de los amigos de mi hermano, me cuesta mucho no hacer ningún esfuerzo para que no salten los músculos; así que sutilmente voy saludando a cada uno de los amigos, intentando llegar hasta Raúl, que se encuentra en un segundo plano; cada vez que lo miro veo como no me quita ojo; esto está siendo muy divertido. Por fin accedo a la proa donde solo está él.

       
  • Veo que el modelito de hoy también te gusta -Digo juguetonamente
  • Desde luego. Para que negarlo, te puedo asegurar que he intentado no ser demasiado descarado, ¡pero ha sido imposible! -Dice sinceramente.
No puedo evitar reirme por la obviedad

       
  • Si, la verdad es que este tipo de prendas marcan cada curva, pero la verdad es que es un poco incómoda, ayúdame a quitármela. -Digo mientras me giro sensualmente, dándole la espalda.
Me baja lentamente la cremallera, y aprovecho para quitarme la parte superior del traje, lo tengo que hacer muy lentamente, no quiero que mis músculos se exciten; veo como Raul va con Olivier, supongo que esto no ha funcionado como creía, pensé que se derretiría al ver mi espalda desnuda. Continúo con el despiste. Como con uno de los amigos de mi hermano, dejando a Raúl de lado.

Durante el rato que estoy a bordo, veo como me echa miradas furtivas, me encanta toda esta situación; como iba a suponer yo, siquiera hace 5 meses, que el chico por el que cambié mi vida, por el que cultivé mi cuerpo; el mismo chico que de pequeña me ignoraba, estaría tan pillado por mí; que bien me lo voy a pasar.

No me molesto en despedirme, me enfundo el traje y me cambio a mi barco; la tarde la paso navegando; es un disfrute tremendo. En la distancia veo que empiezan a hacer esquí acuático; me alejo un poco para no molestar.

A última hora de la tarde decido regresar al club, dejar el barco e ir a casa, con suerte podré entrenar un poco. Cuando llego no hay nadie, me sorprende un poco, no creo que hayan estirado la fiesta, me fijo en el embarcadero y veo que la planeadora está atracada; por lo que supongo que habrán salido.

Entreno un rato, y viendo que no regresan, salgo nuevamente, me gustaría cruzarme con la chica de la que me hablo ayer Sara. Me vuelvo a vestir arrebatadora, espero ver esta noche nuevamente a Raul cuando regrese. Me dirijo al mismo bar, para mi desgracia no veo a Sara tras la barra, debe ser su día libre. Miro entre el público y tampoco veo a la rubia despampanante de la que me han hablado.

       
  • Sabía que vendrías -dice una voz familiar por la espalda.
Me giro para ver a Sara, me saca una cabeza, es espectacular, todos los hombres del bar la están mirando.

       
  • Ven, acompáñame, estaba sentada en una terraza allá enfrente -dice señalándome el otro extremo de la plaza- te he visto pasar y he venido a rescatarte antes de que te tomases algo sola. Estoy con unos amigos, seguro que te caen muy bien, además, la chica de la que te hablé está con nosotros.
No me apetece mucho socializar, pero la verdad es que me gusta pasar el tiempo con Sara, y para colmo podré conocer a la chica esa, conforme nos acercamos, veo una mesa con tres personas sentadas, tiene que ser esa. Son dos chicos y una chica, los chicos parecen en forma, llevan unas camisetas sin mangas que muestran sus brazos hiperdesarrollados, ambos tienen el pelo cortado al 1 ó al 2; si no fuera por los piercings en la nariz y pendientes en la oreja pensaría que son militares, eso sumado a la indumentaria que llevan, me hace pensar que son homosexuales. Pero lo que más me llama la atención es la chica; efectivamente es espectacular, va vestida con un top rosa fuerte, que deja poco a la imaginación; sus brazos sin llegar a los de sus acompañantes, son bastante grandes, los hombros son como dos melocotones grandes, las tetas son impresionantes, y el desarrollo abdominal es espectacular; el pelo lo lleva ligeramente ondulado, y le cae por la espalda; no son pocos los hombres de su entorno que no le quitan ojo. Por el camino Sara me va hablando de sus dos acompañantes masculinos; confirma lo evidente, son pareja; están de paso y se están quedando con ella. Le pregunto sobre la chica.

       
  • Se llama Verónica, es un encanto, me ha dicho que estuvo saliendo con un chico hasta hace poco; que a él le gustaban las chicas con músculos, así que se entrenó hasta conseguir ese cuerpo que tiene, pero que la abandonó; ahora está un poco perdida, no parece que sepa como encauzar su vida. Te imaginas, una chica con ese aspecto deprimida. Los hombres son lamentables.
  • ¿Te has insinuado ya? -Le pregunto socarronamente.
  • Más o menos, y mis insinuaciones no han caído en saco roto; me da la sensación de que le va cualquier cosa; tengo ganas de estar con ella, ya que tu no me haces ni caso.
Nos reímos, cuando llegamos a la mesa me presenta al resto del grupo; la conversación es muy divertida, los amigos de Sara han estado de viaje por toda Europa y cuentan anécdotas, cada una más divertida que la anterior. Verónica al igual que yo, permanece callada, ambas somos espectadores pasivas del resto de la mesa que parece más dicharachera.

Desde mi punto de vista, frente a Verónica, puedo fijarme más en sus facciones; es un bellezón; el chico que la ha dejado tiene que ser retrasado; no comprendo como se puede rechazar a una chica tan guapa. Veo como no soy la única que se da cuenta; Sara no para de mirarla, coquetear con los gestos, de vez en cuando le pone la mano sobre sus robustos hombros, parece que le guste, Verónica le responde acariciando los suaves muslos de mi acompañante. Pero alrededor tenemos una caterva de maromos que no paran de mirar, tanto a Sara como a Verónica; alguno se acerca, pero una y otra los despachan.

Llegado el momento veo como Sara acaricia el prominente bíceps de Verónica, se miran a los ojos, y veo como Verónica tensa su brazo; el músculo es realmente impresionante; Sara, como no podía ser de otra manera, se excita, noto como le cambia la respiración, se muerde el labio inferior, mientras la mira con lujuria; Verónica sonríe sabedora de que la ha conquistado. El erotismo se palpa; pero el entorno se mantiene impertérrito, intentando invitar a alguna de las dos. Por fin sucede lo que buscaba; se acerca un maromo, con una camiseta de tirantes, que deja al aire toda su musculatura de brazos y pectorales, debe dedicarle muchas horas al gimnasio. Agarra una silla y se interpone entre Sara y Verónica, pero aborda a esta última.

       
  • Veo que entrenas como yo -Dice flexionando un brazo bastante bien desarrollado. Quieres que te invite a algo, parece que te aburres con tus amigos.
  • Vamos a hacer una cosa, te voy a echar un pulso, si eres capaz de vencerme en menos de un minuto, nos vamos ahora mismo de este tugurio y te dejo hacerme lo que quieras; si no, me das cincuenta euros para poder invitar a mis amigos y nos dejas en paz.
El maromo acepta, saca de su cartera los 50 € y se levanta para colocarse en posición; le cedo mi sitio, a la par que él me cede el suyo; el ángulo de visión es extraordinario, puedo ver como los músculos de ambos contendientes saltan obedientes antes sus flexiones, están intentando amedrentarse mutuamente. Se ponen en posición, parece que se estén probando

       
  • No quiero hacerte daño esta noche, quiero que estés a tope para mi, además yo soy un caballero, y no me gusta luchar contra una mujer, pero debo reconocer que el premio es demasiado apetecible. -Dice el maromo mientras empieza a apretar, su brazo se infla ante el esfuerzo, aunque la velocidad de avance es sorprendentemente lenta.
  • No te preocupes, no podrías hacerme daño aunque apretases del todo, mis músculos son mucho más fuertes que los tuyos.
Siento como Sara me aprieta la pierna, está totalmente excitada, sin embargo los brazos dan ventaja al maromo. Apenas quedan un par de centímetros para la derrota de Verónica, cuando se paran en seco, me fijo en la cara del maromo, está echando el resto, tiene un mar de venas por la cabeza, que se acentúan por el sudor

       
  • ¡No puede ser!
  • Te lo dije, no puedes hacerme daño; me hacéis gracia los chulos de gimnasio, que pensáis que porque tenéis esos músculos tan abultados podéis ganar siempre; estoy segura que yo echo mas horas levantando peso del que echas tu; deberías tomar menos esteroides y anabolizantes, esos no te hacen más fuerte, tan solo te hacen grande, y aquí está quedando claro.
Espera a terminar su discurso para sentenciar el pulso, recorre los 175º que le faltaban para ganar, machaca el brazo de su contrincante contra la mesa, pero lo mantiene en esa posición. Escucho la respiración entrecortada de Sara, está a 100, me levanto para cederle mi puesto más cerca de Verónica a la par que ésta libera el brazo del maromo, coge el dinero y se lo guarda en el escote.

Sara toma mi sitio y directamente le come la boca a Verónica; ella no rompe el beso, al contrario, se dan un lote delante nuestra, se magrean como dos adolescentes, como si estuviesen en la intimidad de su vivienda.

Cuando rompen el beso se levanta Sara agarrando de una mano a Verónica, y se va deprisa, noto en mi entorno las erecciones de casi todos los hombres; desde luego, son demasiado simples y predecibles. Los dos amigos de Sara ríen escandalosamente ante el bochornoso espectáculo que están dando todos los tíos del bar. Me quedo una hora más disfrutando de la compañía hasta que considero que debo regresar para ver a Raul; espero que aún esté en el porche como ayer.

Al llegar veo que está todo apagado, esta noche no he tenido suerte, pero hay más días; desde luego, ha merecido la pena salir, lo de esta noche ha sido un espectáculo; ya me contará mañana Sara como le fue con Verónica.

diverman

8
...Verónica...

Otro anodino día de playa, con todos esos babosos mirando mis tetas, parece que no hayan visto nunca a una chica de metro ochenta con una talla DD de sujetador y unos músculos que dejan en ridículo a casi todos los tíos que me rodean, hacer topless en la playa; he de reconocer que me hincha el ego ver esas miradas lascivas de cada hombre que pasa cerca de mí, o esas miradas de envidia de cada mujer. Llego a casa para encontrarme al anormal de mi anfitrión. Se sigue comportando como debe, servil, me recibe de rodillas, me besa los pies llenos de arena. Dejo que lo trabaje un rato, hasta que me agacho lo cojo por las axilas y lo llevo a mi altura. Lo lanzo al final del pasillo.

       
  • Ya está bien, no seas baboso. Prepárame algo de cenar, voy a ducharme y prepararme para salir.
Él obedece sin intercambiar palabra; evidentemente lo de anoche lo dejó perplejo, pero lo cierto es que salvo mi masturbación, él no fue capaz de provocarme nada, ningún placer. Esta noche tengo que tirarme a alguien de mi nivel.

Me pongo arrebatadora; llevo una minifalda vaquera y un top fucsia. Cuando salgo de mi cuarto, veo como se le desencaja la mandíbula al desgraciado de mi anfitrión; la piel morena con los colores vivos me hacen irresistible; le pido que me de aceite por todo el cuerpo, tengo que hidratarme. Él obedece, noto como se excita al tocarme, cuando llega a los brazos los flexiono, convulsiona ante su tacto, ante su dureza. Cuando termina le doy un puñetazo que lo manda rodando por el suelo.

       
  • No te vuelvas a correr delante mía; es una falta de educación.
Él me sirve la comida y cuando hemos terminado, me termino de maquillar y salgo a comerme el mundo.

Cuando estoy en la plaza del pueblo me aborda un pivón, medirá lo mismo que yo, pelo rubio, pero tiene la complexión de una modelo, curvas por todas partes y al igual que yo, una buena delantera.

       
  • Perdona que te aborde, hace un par de días vi como machacabas al musculitos en el bar y me quedé con las ganas de conocerte mejor; me pusiste a 100 -Dice mientras acaricia mis bíceps.
No la decepciono, flexiono el brazo al máximo, veo como se excita

       
  • ¿Te gustan mis músculos?
  • Evidentemente; me llamo Sara, te puedo invitar a unas cervezas, estoy sentada con unos amigos.
Miro hacia donde me señala y veo a dos homosexuales, bastante cuidados; será diferente.

Me presenta a los dos chicos que la acompañan, no decepcionan, nos divierten con sus historias; pero lo que me llama la atención es lo que me está haciendo sentir Sara; me acaricia la pierna, posa su mano sobre mi hombro, de vez en cuando aprieta un poco, como probando la dureza de mis músculos, todo eso me excita; me fijo en sus tetas, su cara, su pelo, es espectacular, flexiono suavemente mi cuadriceps cuando lo toca, veo como se muerde el labio, como se excita; estamos las dos muy calientes.

Abruptamente se levanta y se va en busca de una chica; veo como hablan. No me lo puedo creer, ¡tengo celos!. Vienen a nuestra mesa, nos la presenta y se sienta; se trata de una chica pelirroja, muy guapa, pero no llega al nivel de Sara o mío; se la ve fuerte, es ancha de hombros, y se le marcan los abdominales, pero dista mucho de mi estado físico; me pregunto si son pareja Sara y ella, pero no lo parece, Sara continúa con el flirteo, le devuelvo las caricias, su piel es muy suave, casi inmaculada.

La experiencia está siendo muy divertida, Sara acaricia mis músculos. Yo disimuladamente los tenso bajo sus manos, noto como se excita cuando hago esto; la situación es sorprendentemente muy erótica; nunca pensé que una chica me pudiese poner a 100. Por fin llega a mis bíceps, "la joya de la corona", los flexiono lentamente, su mano masajea la impresionante bola de músculo conforme crece. No hay nadie alrededor, sólo estamos ella y yo, empiezo a tocarme ella hace lo mismo.

Siento como me interrumpe un imbécil; Se mete entre nosotras dos, no quiero espantarla, así que me contengo en las ganas que me dan de levantarme y darle una paliza; lo miro con desprecio, es un musculitos, de esos que se meten de todo para ganar volumen; bastante impresionante si no vas al gimnasio a menudo, como hago yo.

       
  • Veo que entrenas como yo -Dice mientras flexiona su abultado bíceps
  • ¿Quieres que te invite a algo? parece que te aburres con tus amigos.
  • Vamos a hacer una cosa. Te voy a echar un pulso; si eres capaz de vencerme en menos de un minuto, nos vamos ahora mismo de este tugurio y te dejo hacerme lo que quieras; si no, me das cincuenta euros para poder invitar a mis amigos y nos dejas en paz.
Ya saboreo mi victoria, miro lascivamente a Sara, y para mi sorpresa, me mira decepcionada; espero que sea porque piense que voy a perder y no porque haya solucionado este contratiempo con algo de violencia.

El imbécil coloca los 50 € sobre la mesa, se levanta la amiga de Sara para cederle el sitio frente a mi. El atontado empieza a flexionar su bíceps, intentando asustarme, respondo tensando mi músculo, que es visiblemente menor. Cuando me espeta:

       
  • No quiero hacerte daño esta noche, quiero que estés a tope para mi, además yo soy un caballero, y no me gusta luchar contra una mujer, pero debo reconocer que el premio es demasiado apetecible. -Dice el imbécil mientras empieza a apretar, su brazo se infla ante el esfuerzo, no puedo evitar sonreír al ver lo ridículo de su empuje.
  • No te preocupes, no podrías hacerme daño aunque apretases del todo, mis músculos son mucho más fuertes que los tuyos.
Juego con él, quiero que piense que me puede vencer, dejo caer los brazos hasta que quedan un par de dedos para tocar la mesa; en ese momento empiezo a realizar algo de fuerza, los detengo en seco. Todo este rato he estado fijándome en la cara del imbécil, está sudando por cada poro de su piel, la cara está totalmente roja del esfuerzo, se le marcan las venas por todas partes. ¡Dios! ¡como disfruto con esto!.

       
  • ¡No puede ser! -Masculla.
  • Te lo dije, no puedes hacerme daño; me hacéis gracia los chulos de gimnasio, que pensáis que porque tenéis esos músculos tan abultados podéis ganar siempre; estoy segura que yo echo mas horas levantando peso del que echas tu; deberías tomar menos esteroides y anabolizantes, esos no te hacen más fuerte, tan solo te hacen grande, y aquí está quedando claro.
Me tomo mi tiempo, la falta de esfuerzo me permite hablar con tranquilidad, no tengo el más mínimo sobre-aliento. Miro a Sara, me relamo los labios, a la vez que le guiño un ojo. Pero ha llegado el momento de terminar con esto.

Empujo con todas mis fuerzas, no quiero dejar ninguna duda sobre mi poder, quiero impresionar al imbécil, pero aún más quiero impresionar a Sara. Los brazos avanzan a un ritmo inverosímil, impacto en la mesa con fuerza, para que se arrepienta de la osadía de retar a alguien como yo; mantengo las manos apretadas contra la mesa, disfrutando de la cara de dolor de mi contrincante; noto el calor de la sangre de sus nudillos; estoy a 100. Miro a Sara, su cara es de lujuria, se me abalanza y me come la boca mientras libero la malherida mano de mi contrincante.

Acaricio el terso cuerpo de Sara, ella se centra en mis músculos; meto mi mano en su sexo, está húmeda; pierdo la noción del tiempo, Sara rompe el eterno beso, se levanta y me arrastra con ella.

       
  • Vamos a mi casa, está aquí cerca.
Cuando hemos andado algo menos de 100 metros, veo que busca la llave delante de la puerta de un adosado, estoy demasiado caliente; me pongo frente a ella, la agarro por su culo respingón y le como la boca, la subo un poco para besarle el escote, pesa más de lo que hubiese pensado, pero sigue siendo ligerísima, ella deja caer el bolso al suelo, noto como se excita, estoy a punto de correrme.

       
  • ¡No!, aquí no, déjame que entremos -Dice entre jadeos
Le hago caso, la vuelvo a dejar en el suelo, no sin antes darle otro beso apasionado. Ella busca su bolso, saca las llaves y abre la puerta; sube corriendo la escalera, la persigo; entra en una de las habitaciones, veo una cama muy grande, veo como se desnuda a la velocidad del rayo; su cuerpo es espectacular, sus tetas aguantan la fuerza de la gravedad sin problema, su piel es como terciopelo, la forma de reloj de arena me excita, el pelo rubio le cae sobre los pechos, se está mordiendo el labio, mientras con una mano juega con su sexo; me desvisto a la misma velocidad que ella, cuando me ve desnuda, cuando ve todos mis músculos se toca con más velocidad; realizo un par de poses, pero no aguanto, me acerco lentamente, insinuando cada músculo a cada paso, ella me mira con la mayor cara de deseo que haya visto nunca; la empujo sobre la cama, ella no pone impedimentos; repto sobre ella, lamiendo cada centímetro de su piel, ella se arquea por la excitación mientras gime sonoramente, me centro en sus enormes tetas, mi lengua juega con ellas, mientras froto mi sexo con su pierna, ella la mueve expertamente, excitándome aún más, sigo hasta su cara, le como la boca nuevamente, no sin antes morderle el largo cuello. Me giro, y realizo los mismos lametones hacia abajo, hasta que llego al sexo, meto mi lengua entre sus labios; el calor me embriaga, noto como ella hace lo propio, no tardamos nada en corrernos, convulsiono ante el orgasmo, mis músculos se tensan, Sara sigue afanándose con mi sexo mientras acaricia mis muslos, intento tensarlos algo más; los gemidos de ambas inundan la habitación; seguimos así un rato indeterminado, pierdo la cuenta de las veces que nos corremos.

Me incorporo, ahora que nos hemos calmado un poco, le regalo una sesión de poses, quiero que disfrute de mis músculos como yo he disfrutado de su cuerpo virginal. Voy pasando de pose en pose, flexionando al máximo cada grupo muscular, noto como Sara se va excitando nuevamente; se me abalanza, me abraza mientras mantengo mi pose, ella acaricia cada centímetro, me lame con lujuria, intento aguantar, pero me puede el deseo. Me agacho, la agarro por las rodillas y me incorporo, le lamo el sexo nuevamente, hasta que llega nuevamente; sin duda es el mejor sexo oral que he tenido nunca; giro su cuerpo, poniendo las piernas para arriba; ella comprende lo que está pasando, se agarra a mis piernas y me hace lo propio; flexiono un poco mis piernas para darle mejor acceso; esto provoca que mis cuadriceps se inflen, que salten, noto como gime ante el tacto de mis poderosas piernas, pero no ceja en su labor, tardo muy poco en llegar nuevamente, la convulsión atrapa su cabeza, aprieto con fuerza. Pierdo el equilibrio y caemos las dos sobre la cama, me relajo; mis jadeos me impiden escuchar a Sara cogiendo aire, se estaba ahogando, me incorporo rápidamente, para ver que está totalmente roja; respira profusamente.

       
  • Perdona, no me doy cuenta de mi propia fuerza, casi te ahogo. -Digo con un sentimiento de culpabilidad inédito en mi.
  • No digas tonterías, ha sido espectacular. Me ha encantado, deja que me recupere, me encantaría volver a sentir esa sensación.
Me quedo a cuadros, pero le hago caso, mientras tanto lamo sus pechos, mientras ella sigue masajeando mis músculos. Nos pasamos la noche conociéndonos, disfrutando de nuestros cuerpos, divirtiendonos.

diverman

9
...Raúl...

A la mañana siguiente me vuelve a despertar el sol; ya no me acuerdo de mi pierna escayolada, por lo que estoy apunto de partirme la cabeza al salir de la cama. A duras penas logro ir al aseo, vestirme y salir del cuarto. Cuando lo consigo veo a Olivier detrás de la puerta, con una mirada de preocupación

       
  • Como vas a pasar unos días aquí, voy a comprar una grúa para la cama, a no ser que quieras que te ayude, pero no quiero invadir tu espacio.
Me río ante su excesiva preocupación.

       
  • No te preocupes por mi, me apañaré bien, tan solo me tengo que acostumbrar; no obstante, si necesito algo te llamaré, pero de verdad, haz tu vida, no pienses que tienes un lisiado en casa.
Me ayuda a bajar las escaleras y veo la cara de consternación de Sofía, que nos espera con el desayuno en la mesa; desayunamos igual que ayer; bromeamos sobre mi torpeza con el esquí acuático; cuando terminamos de desayunar me ayudan a acercarme al porche, y me dejan el ordenador portátil para entretenerme; mis anfitriones deben salir a realizar algunas compras.

Un par de horas después, aun no he encendido el portátil, las vistas son fantásticas; continuamente pasan barcos en una dirección y en otra, incluso hay incautos practicando esquí acuático, ¡no lo entiendo!. Escucho la puerta, me giro como puedo para ver a Sofía y Olivier muy cargados. Me da rabia no poder ayudar un poco, pero evidentemente no me queda alternativa. Tardan poco en acercarse para interesarse por mi, les explico lo placentero que es estar allí sentado.

       
  • Te hemos traído unas muletas, así irás un poco más cómodo -Me dice Olivier, ya de mejor humor- Déjame que me cambie, y nos tomamos unas cervezas. -Dice entrando a la casa nuevamente
En cinco minutos regresa con las cervezas prometidas; nos quedamos charlando de lo humano y lo divino un buen rato, comemos allí mismo y por la tarde lo mismo; no podría estar mejor, con quizás el que es mi mejor amigo, charlando, con una cerveza fresquita en la mano.

Decido descansar, así que valiéndome de las muletas subo a trancas y barrancas hasta mi habitación; tardo lo mío, pero disfruto de la autonomía; si bien es cierto que en los más de cinco minutos que me llevó subir la escalera, tuve a los ojos de Olivier vigilándome atentamente.

Una hora después, regreso al porche, con la misma dificultad que antes, solo que con energías renovadas después del descanso. En la mesa están sentados Olivier y Sofía, el primero con una expresión de preocupación, la segunda con una sonrisa de oreja a oreja.

       
  • Tengo malas noticias, -Dice Olivier- me temo que tengo que salir de viaje de negocios, ha habido un problema en Taiwan y me requieren, por lo que estaré fuera unos días; no sabes lo que me afecta esto, tenía muchas ganas de compartir contigo todas las horas de este verano; he hablado con Sofía -Dice mirándola- y asegura que estará encantada de estar atenta, así que no creo que te falte de nada.
  • Te voy a cuidar estupendamente, voy a ser la mejor enfermera -Dice Sofía interrumpiendo a su hermano, con un tono alegre- nos lo vamos a pasar muy bien los dos solos aquí.
  • Bueno, por lo que he visto, pasas más tiempo fuera que dentro de casa, no te preocupes en cuidarme, dejadme que pase la noche y mañana me marcho a casa, no quiero molestar.
Le cambia el rictus a Sofía.

       
  • De eso nada, has venido a pasar unos días y te quedarás con nosotros; si hace falta te secuestro aquí -dice Sofía juguetonamente
  • Bueno, pero mantengo mi propuesta de marcharme en el momento que queráis, ya habéis hecho bastante por mi, apenas he pensado en mi ex en estos días. Pero dime Olivier, ¿Cuando sales de viaje?
  • Me temo que esta misma noche, tengo que coger en cuatro horas el avión en Sevilla, así que debo salir prácticamente ya; ya sabes como están estas carreteras en verano. -Dice mientras se levanta dejándonos solos a Sofía y a mi.
  • Bueno, me tienes para lo que necesites, si te parece apunta mi móvil, y si necesitas lo que sea me mandas un whatsapp; verás que bien nos lo pasamos, la verdad es que tenía muchas ganas de pasar tiempo contigo, este verano está siendo un poco insoportable; tan solo disfruto cuando estoy con vosotros o navegando, pero como mi hermano quería pasar tiempo contigo, no he querido inmiscuirme.
  • Pero bueno, con la pinta que tenías la otra noche supongo que triunfarías.
  • Si, se puede decir que triunfé, pero solo atraigo a los más babosos; no hay chicos como tu, además, ya te comenté que me reservo para el chico perfecto. -dice guiñándome un ojo. Voy a preparar la cena, dame unos minutos y estoy contigo.
Me deja a solas, necesito disipar la cabeza, no quiero malinterpretar las señales que percibo de Sofía, al fin y al cabo es la hermana pequeña de Oli, y no quiero meter la pata.

Baja Olivier, vestido de chaqueta y con una maleta bastante importante y maletín de ordenador, se sienta frente a mi.

       
  • Sofía está realmente encantada de estar contigo aquí, ella te podrá cuidar mejor que yo; ella no tiene mis limitaciones. -Lo miro sorprendido- Pídele lo que necesites, estará encantada de ayudarte, y en cualquier caso, te he dejado en tu cuarto una lista con teléfonos de amigos por si necesitas cualquier otra cosa, ellos estarán encantados de ayudarte también. Ahora me tengo que ir, ya picaré algo en el aeropuerto. Tengo el roaming activado, no dudes en llamarme para lo que necesites, aunque entre vuelos y reuniones voy a tener poco tiempo. Espero que cuando regrese sigas aquí, me gustaría pasar más días contigo.
Nos despedimos y se marcha, escucho como el coche se aleja cuando llega Sofía con una bandeja repleta de comida, coloca las cosas sobre la mesa y empezamos a cenar. Me habla de su vida, de lo que siente cuando navega, de lo que disfruta de la soledad, del poder del viento. Me habla de como es vivir en Sevilla, donde estudia, de su falta de experiencia con los chicos, en fin, me pone al día de su vida. Al igual que hace dos días, la velada se extiende hasta altas horas; mi insistencia para que salga con sus amigos a divertirse caen en saco roto, parece que prefiere hacer de anfitriona. Cuando llega la hora de acostarme ella recoge la mesa mientras yo hago por levantarme, con más torpeza que velocidad. Cuando por fin me he levantado con la ayuda inestimable de las muletas, me veo a Sofía mirándome desde la puerta con cara de circunstancia.

       
  • Creo que necesitas ayuda, no se te ve muy ducho con las muletas, déjame que te ayude, te resultará más fácil moverte apoyándote en mi hombro. -Dice mientras se acerca a mi lado quitándome una de las muletas y dejándola al lado.
Aunque intento resistirme, alegando mi autosuficiencia, ella hace caso omiso y me abraza por la cintura. Empiezo a andar intentando no cargar sobre ella, por lo que se hace especialmente complejo, voy dando traspiés, hasta que Sofía se cansa y me pide que me apoye sobre ella, echo el peso temiendo que se caiga, no es fácil aguantar mis 80 kg, pero para mi sorpresa no se inmuta.

       
  • ¿Ves? soy más fuerte de lo que parezco; tengo que pasar horas en el gimnasio para mantenerme en forma, mi RS100 exige mucho.
No digo nada, supongo que ese RS100 es el velero del que me ha hablado y vi ayer. Pero en cualquier caso, el que pueda cargarme, aunque sea parcialmente, me encanta; Por otro lado, no quiero que se me note la excitación que me produce, así que no tengo nada que decir, simplemente me concentro en ser lo más hábil posible con mi muleta para no cargar en exceso sobre el hombro de mi anfitriona.

Pese a mi torpeza, la ayuda de Sofía me sirve para acceder a mi cuarto en un instante. Me acerca hasta la cama, veo como no se va, se me queda mirando.

       
  • Si quieres te ayudo cambiándote. -Dice juguetonamente
No cedo a sus encantos, me despido, no sin antes pedirle que me suba la otra muleta para poder moverme por la habitación. Mientras va por ella, me insiste que si tengo cualquier problema no dude en llamarla; cuando me la acerca, se despide y deja la puerta abierta para poder escucharme por si necesito ayuda.

Esa noche me duermo pensando en Sofía.

diverman

10
...Sofía...

Me despierto como todos los días al alba, bajo a desayunar y veo a mi hermano con cara de consternación; me cuenta lo ocurrido con Raúl.

       
  • Creo que voy a comprar una grúa para que no tenga problemas levantándose de la cama o metiendose en la ducha.
  • No digas tonterías, déjame que le ayude, sabes que tengo la fuerza para hacerlo -Digo enfatizándolo con una flexión de bíceps, ¡como si hiciese falta!
  • No tengo claro que Raul se sienta cómodo contigo todo el día cerca; pero no te preocupes, como también estoy yo, supongo que entre los dos nos apañaremos.
Mientras estamos desayunando escuchamos ruido, así que Olivier sube rápidamente para ayudar a su amigo, escucho como hablan, sin entenderlos en absoluto, y a continuación veo como bajan la escalera. Ver a Raul así me afecta más de lo que pensaba, tan necesitado; no me quiero imaginar cuanto le ha tenido que doler el accidente.

Durante el desayuno, veo que la escayola no ha mermado su sentido del humor, se ríe de su accidente, de lo torpe que estuvo.

Lo dejamos solo y nos vamos a comprar, entre otras cosas debemos adquirir unas muletas para que tenga algo de autonomía; tardamos un buen rato, cuando llegamos está en el mismo sitio, en la misma posición que lo dejamos; dejo a mi hermano con él. Bajo al sótano ha realizar mis ejercicios; hoy haré una sesión larga. Cuando subo ya han almorzado, así que pico una ensalada y salgo a nadar por la ría. Cuando llego me encuentro a Olivier muy preocupado, me alarmo pensando que ha pasado algo peor; pero me informa que tiene que viajar al extranjero, que estará fuera unos días. No me podría haber alegrado más; empieza a decirme que va a contratar a un enfermero para ayudar a Raúl, lo paro en seco.

       
  • Ni se te ocurra, déjame que me encargue, estará en buenas manos; sabes bien que me apetece cuidarle.
  • Lo se Sofía, pero me preocupa, sabes que buscáis cosas diferentes, no quiero que ninguno de los dos os hagáis daño, me daría mucho coraje. Ya sabes que los hombres se asustan con mujeres tan fuertes como tu cerca. -Dice realmente preocupado.
Me sorprende que no sepa los gusto de su amigo.

       
  • No te preocupes, seré muy discreta, me dedicaré a cuidarle, tan solo a cuidarle; además, sabes que me he acostumbrado a disimular tanto mis músculos como mi fuerza.
Tras la reconfortante ducha me siento en una hamaca con un libro y me quedo esperando a que Raúl baje. Escuchamos los torpes pasos bajando la escalera, así que nos incorporamos mi hermano y yo.

       
  • Tengo malas noticias, -Dice Olivier- me temo que tengo que salir de viaje de negocios, ha habido un problema en Taiwan y me requieren, por lo que estaré fuera unos días; no sabes lo que me afecta esto, tenía muchas ganas de compartir contigo todas las horas de este verano; he hablado con Sofía -Dice mirándome- y asegura que estará encantada de estar atenta, así que no creo que te falte de nada.
  • Te voy a cuidar estupendamente, voy a ser la mejor enfermera; nos lo vamos a pasar muy bien los dos solos aquí. -Digo excesivamente eufórica.
  • Bueno, por lo que he visto, pasas más tiempo fuera que dentro de casa, no te preocupes en cuidarme, dejadme que pase la noche y mañana me marcho a casa, no quiero molestar. -Me contesta Raúl.
No puedo permitir que esto pase, no quiero que se vaya.

       
  • De eso nada, has venido a pasar unos días y te quedarás con nosotros; si hace falta te secuestro aquí. -Digo con tono amenazante
  • Bueno, pero mantengo mi propuesta de marcharme en el momento que queráis, ya habéis hecho bastante por mi, apenas he pensado en mi ex en estos días. Pero dime Olivier, ¿Cuando sales de viaje?
  • Me temo que esta misma noche, tengo que coger en cuatro horas el avión en Sevilla, así que debo salir prácticamente ya; ya sabes como están estas carreteras en verano. -Dice mientras se levanta.
  • Bueno, me tienes para lo que necesites, si te parece apunta mi móvil, y si necesitas lo que sea me mandas un whatsapp; verás que bien nos lo pasamos, la verdad es que tenía muchas ganas de pasar tiempo contigo, este verano está siendo un poco insoportable; tan solo disfruto cuando estoy con vosotros o navegando, pero como mi hermano quería pasar tiempo contigo, no he querido inmiscuirme.
  • Pero bueno, con la pinta que tenías la otra noche supongo que triunfarías.
  • Si, se puede decir que triunfé, pero solo atraigo a los más babosos; no hay chicos como tu, además, ya te comenté que me reservo para el chico perfecto. Voy a preparar la cena, dame unos minutos y estoy contigo. -Empiezo con el mayor descaro mi flirteo.
Espero no haber sido demasiado directa, no quiero espantarlo. Veo desde la cocina que mi hermano ya se ha preparado y está despidiéndose de Raúl; se acerca a la cocina, me da dos besos.

       
  • Bueno, me tengo que ir, cuídale bien; y no le hagas daño, está muy sensible. Me temo que el viaje es más largo de lo que os he dicho antes, estaré fuera por lo menos dos semanas, así que tienes tiempo para disfrutar en mi ausencia.
Nos despedimos y se va. Me ha hecho feliz. 

Mientras cenamos aprovecho para hablarle de mi, de mi forma de ser; de mi grupo de amigos en la Universidad, de como me siento aquí. No para de decirme que salga esta noche, que lo deje en casa solo; no se imagina que no hay plan alternativo; ahora solo está él en mi vida. Se nos hace nuevamente tarde, así que decidimos dar por finalizada la jornada, recojo todo, organizo la cocina y cuando regreso veo a Raúl de pie frente a la puerta, concentrado para subir el pequeño escalón que da acceso al salón.

       
  • Creo que necesitas ayuda, no se te ve muy ducho con las muletas, déjame que te ayude, te resultará más fácil moverte apoyándote en mi hombro. -Digo apartando una muleta y abrazándome a él; se me eriza el vello con su tacto, tengo que contenerme.
Se pone un poco pesado diciendo que no hace falta, pero no cejo en mi empeño. Sin embargo noto como más que ayudarle lo estoy molestando, no está apoyándose sobre mi, por lo que anda a trompicones.

       
  • ¿Quieres apoyarte sobre mi?, no soy de porcelana.
Él refunfuña pero termina apoyándose en mi hombro, me excita darme cuenta que apenas siento su peso, podría levantarlo con una mano y subir la escalera a la pata coja, y no me inmutaría.

       
  • ¿Ves? soy más fuerte de lo que parezco; tengo que pasar horas en el gimnasio para mantenerme en forma, mi RS100 exige mucho -toco donde más duele, aunque no da pie a una conversación, él se queda callado.
Cuando llegamos a su cuarto se lo pongo fácil, le propongo ayudarle a cambiarse, pero refusa mi ayuda. Realmente creo que sus silencios, sus brotes de timidez vengan derivados de un exceso de cortesía.

Me despido dejando la puerta abierta para el caso de que necesite ayuda.

Bajo al sótano ha desahogarme, hago unas pocas series, me ducho y me acuesto.